LA LEY COMO PACTO DE OBRAS, COMO REGLA DE VIDA Y COMO PELIGRO

Por John Colqhoun (1748-1827)

Extracto de: A Treatise on the Law and Gospel 

LA LEY COMO PACTO DE OBRAS

La ley de la creación requiere que el hombre realice una obediencia perfecta y dice: “Haz”. Pero la ley como pacto de obras requiere que él “haga y viva” — hacer, como condición de vida; hacer, a fin de adquirir por su obediencia un derecho a la vida eterna. El mandato de realizar una obediencia perfecta simplemente no es el pacto de obras; porque el hombre estaba y está inmutable y eternamente obligado a rendir perfecta obediencia a la ley de la creación, aunque nunca se hubiera hecho con él un pacto de obras. Pero la forma del mandato en el pacto de las obras es la perfecta obediencia como condición de vida. La ley en esta forma comprendía no sólo todos los mandamientos que le eran propios como ley de la naturaleza, sino también un precepto positivo que dependía enteramente de la voluntad de Dios.

Este precepto positivo era, en efecto, un resumen de todos los mandamientos de la ley natural o moral: la obediencia a él incluía la obediencia a todos ellos, y la desobediencia a él era una transgresión de todos a la vez. El pacto de obras, en consecuencia, no podría haberse quebrantado de otra manera que transgrediendo ese precepto positivo. El mandato que requería obediencia perfecta como condición de vida obligaba a Adán, y a toda su posteridad natural en él, no sólo por la autoridad de Dios, su soberano Señor y Creador, sino por su propio consentimiento voluntario, a cumplir esa obediencia: “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17).

Como consecuencia de haber propuesto Dios la ley en forma de pacto a Adán, y de haberla consentido Adán, como representante de toda su descendencia natural, todos los hijos de los hombres, mientras continúan en su estado natural, permanecen firmes, a la vista de Dios, bajo toda la obligación original de la misma… Porque, aunque la ley en su forma de pacto es quebrantada, está lejos de ser derogada o anulada. La obligación de este pacto continúa en toda su fuerza, en el tiempo y por la eternidad, sobre todo pecador que no sea liberado de él por Dios, que es la otra parte [del pacto].

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LOS PRECIOSOS Y SIGNIFICATIVOS CULTOS DE ORACIÓN SEMANAL

Por Jorge E. Castañeda D

«Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones» (Hch.2:42).

Jamás se diría mucho de lo que es y significa para una iglesia bíblica tener al menos una reunión de oración semanal. Existen iglesias que han podido andar y desarrollar su ministerio sin una de ellas porque prefieren hacer todo en “espíritu de oración” que tener un culto formal de oración. Para otras, el asunto de la reunión de oración se volvió un tema incómodo, estresante, inconveniente, pues tocar el tema hace que muchos anden con sentido de culpa por su omisión, porque se pone de manifiesto el verdadero estado espiritual de una iglesia o porque no se pueden forzar las cosas en un mundo tan ocupado como el nuestro.

El pastor Jeremy Walker afirma: “¿Por qué molestarse en venir a la reunión de oración? En el orden jerárquico de muchas congregaciones, está por debajo del tan lamentado culto vespertino. En las prioridades de demasiados cristianos, esta reunión parece tener poco valor. Es la que nos podemos permitir perder. Es aquella a la que no llevamos, o tal vez no llevaríamos a nuestros hijos: ¡es demasiado aburrida! Es la reunión que cederá en medio de las presiones de la vida” [1].  

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ÉTICA PASTORAL …ÉTICA COMO MIEMBROS…¡AL MENOS LO MÍNIMO POR FAVOR!

Ciertamente mientras más avanza estas nuevas tendencias de hacer iglesia con la nueva realidad del internet errónea y no bíblica por demás, van surgiendo más malos conceptos y prácticas a nivel de los pastores y miembros de las iglesias. Cuando se establece en la iglesia una norma que no es bíblica, y se empieza a razonar a favor de esa norma, no podemos esperar resultados bíblicos.

Nos encontramos hoy en una sobreoferta de tendencias eclesiásticas que han estimulado el espíritu de la “conveniencia” de las personas, acrecentando, lo que llamaremos, el tráfico de información y de miembros que, en su “mejor” caso, perturban de forma terrible el orden de las propias iglesia locales, y en su peor caso, se estimula al cristiano utilitarista a ir de aquí para allá, con el espíritu del comprador que se caracteriza por poner su propio gusto, criterio y conveniencia, por delante, debilitando así  el cuerpo de Cristo, y  obvio, su propia vida espiritual, a saber, dañando la expresión legitima, espiritual y adecuada donde, según la Palabra, debe desarrollar su profesión de fe: la iglesia local.

Quizás el cuadro más lamentable es que este mercantilismo es altamente avivado por los mismos pastores de las iglesias, que estamos para ser custodios, guardianes, cuidadores de los intereses del Señor, Hoy, muchos pastores más bien fungen como si los intereses a cuidar fueran los suyos. En la actualidad se aprecia que estamos sobre la ética del utilitarismo y del “todo vale” con tal de llenar su propia iglesia y hacerse un nombre entre el cuerpo de Cristo. Los mismos pastores que se mostrarían celosos si un individuo de su iglesia se quisiera ir a otra, se muestran muy dispuestos a llenar su iglesia de gente en la que no trabajó y que espiritualmente no está bajo su cuidado.

Este mal proceder es justificado bajo la frase “las ovejas no son nuestras”, para dar a entender que no somos dueños de las conciencias de nadie y que un cristiano tiene el derecho de irse de una iglesia como quiere, cuando quiere, sin preguntas ni estorbos. Pero precisamente, y en respuesta a esto afirmarnos que, ya que las ovejas no son nuestras, es que no debemos ni podemos hacer con ellas como nosotros queremos. Es más, ni siquiera las ovejas pueden hacer con su vida lo que deseen, porque como dijo el Salmo, “Reconoced que Jehová es dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos pueblo suyo y ovejas de su prado”.

Si este es el caso del liderazgo, ¿cómo obran hoy los que están bajo un pastorado? Ciertamente un pastorado que no es bíblico jamás resentirá o mirará como inconveniente lo que estamos planteando aquí. Solamente quienes se han aplicado a edificar bíblicamente una iglesia, y a pastorear bíblicamente una iglesia sabrán el gran mal espiritual que esto genera. El hueco se hace más grande cada vez más y notamos que pastorear, un asunto ya difícil, se vuelve pesado en demasía porque entre iglesias no existe la ética bíblica mínima, ni entre los pastores ni entre los miembros, y así abrimos más la brecha por donde la carnalidad entra y sale de manera impune.

Por eso déjeme enumerar algunos asuntos comunes en ministerios, iglesias y creyentes en general, que hoy día está debilitando de manera protuberante la fidelidad y firmeza de cualquier ministerio bíblico. Quizás más delante tengamos tiempo para explicar una a una…

DE PARTE DE LOS PASTORES

– Atender en consejería miembros de otra iglesia o ejercer funciones pastorales sobre ellos, miembros que claramente están bajo el cuidado pastoral de otro pastor, esto es, de su pastor, del anciano o los ancianos que Dios ha puesto para cuidarles.

– Recibir en la iglesia sin más preguntas a personas que se van de sus iglesias bíblicas (de las cuales son parte), y mucho más, personas que huyen de sus iglesias bajo procesos disciplinarios. Ya que la ética normal es no poner el fundamento dónde ya fue puesto (1 Co.3:11) y no predicar a Cristo donde esta ya ha sido predicado (Ro.15:20), debería ser de lo más ético, hacer algunas preguntas del por qué un individuo de una iglesia bíblica ahora aparece en otra[1].

– Atraer a su iglesia de forma ilegitima miembros de otras iglesias, aprovechándose de la falta de madurez, criterio o aprovechándose de las inconformidades que ellos tengan de sus propias congregaciones; o aprovechando sus condiciones que los ponen en ventaja frente a otras iglesias. Es asombroso ver la tendencia proselitista de algunas congregaciones, proselitismo que suele identificarse y llamarse “proclamación de la verdad”, pero en el fondo, es aprovechar las plataformas que les han sido dadas o las que han comprado a precio muy alto, para atraer gente que en su debilidad piensa que una iglesia de tal o cual característica es más bíblica que la suya, aun cuando en ella, por pequeña y básica que sea, se predique la Palabra y se adore conforme a las Escritura.

– Pasar por encima de la independencia y autonomía de la iglesia local. Esta maravillosa definición histórica dice: “A cada una de estas iglesias así reunidas, el Señor, conforme a su voluntad declarada en su Palabra, ha dado todo el poder y autoridad en cualquier sentido necesario para realizar el orden en la adoración y en la disciplina que él ha instituido para que lo guarden; juntamente con mandatos y reglas para el ejercicio propio y correcto y la ejecución del mencionado poder”[2]. Por pasar por encima de este límite bíblico, iglesias resultan procurando situarse por encima de otras iglesias, pasando por alto las resoluciones disciplinarias que una iglesia tuvo con un individuo desautorizando así esta potestad de las iglesias locales.

– Crearse un criterio de una iglesia local o sus pastores, generalmente malo, por las vías más ilegitimas y anti éticas posibles. En mi experiencia personal, he pasado mucho tiempo aclarándole a pastores y amigos asuntos difamadores que ¡Otros pastores andan diciendo! Y esto cuando ¡ninguno de ellos me ha contactado hasta hoy! Gente señala de forma negativa a iglesias bíblicas solo porque “me dijeron”, “escuché, aunque no lo puedo confirmar”, “se dice”, “parece que”, poniendo un manto de duda injusto sobre ministerios bíblicos. No hablo de no tener criterio sobre las iglesias que nos rodean, hablo que ese tráfico de chismes, comentarios y apreciaciones personales son usadas como la “piedra de toque” para calificar ciertas iglesias de “legalistas”, “estrictas”, “faltas de amor”, “autoritarias”, y más. Pastores, por simple sentido común, deberían poner en duda el testimonio de quien sale de una iglesia bíblica peleando.

ÉTICA MÍNIMA DE LOS HERMANOS QUE COMPONEN LAS IGLESIAS

– No abordar de manera correcta los asuntos de inconformidades con quien se debe, en el momento, la motivación y la buena voluntad adecuadas, sino contaminar a otros, siendo el ultimo que se entera el pastor. Gente en las iglesias, en el espíritu del mundo de hoy, se amotinan, se levantan en reproche, haciendo sediciones en las iglesias. Gente que dice no tener tiempo para el Señor, sí tiene tiempo para llamar, poner mensajes y reunirse ilegítimamente con otros para dañar el ministerio de su iglesia. Muchos asuntos se hubieran evitado yendo directamente al liderazgo de la iglesia, con bien corazón y con el ánimo de edificar.

– Pedir consejo a otros pastores sin haber pedido consejo a los suyos primero, o consultar otros pastores sin el conocimiento y la aprobación de las personas que Dios puso como pastores sobre su alma, haciéndolo, en general, para encontrar en las personas que no le conocen, una opinión que refuerce su punto de vista y le favorezca en sus acciones, generalmente pecaminosas.

– Irse de manera desagradecida o ingrata, repentina, resentida, oculta o sin dar explicaciones de su iglesia local; o irse, en su peor caso, estando bajo procesos disciplinarios que requieren ser soportados en su iglesia local. De esta manera aleja su arrepentimiento y restauración, y más bien estimula su pecado, su orgullo, su justicia propia, y yendo a contaminar a cualquier iglesia que les reciba.

– Tener una mente dispersa, pescadora de teología por internet, teniendo oídos para todos los ministerios o predicadores, que no le dejan crecer y establecerse en un lugar. Estas personas no crecen con el cuerpo local de creyentes, porque su mente está en la hierba que crece en el prado del vecino. Así, sus propios pastores son menospreciados, desechan la Palabra que necesitan caen en comparaciones necias, y genera un descontento creciente en su iglesia. De esta manera ni crecen donde Dios los puso a crecer, y se engañan pensando que el internet y los pastores que no lo conocen, le están aprovechando más.

– Pasar por encima de la autonomía e independencia de la iglesia local, involucrando a terceros en asuntos que pueden y deben ser abordados por una iglesia local. Por vía de comparaciones odiosas, por vía de involucrar en su iglesia ideas que debilitan el ministerio de la propia, un individuo puede asaltar de manera indebida la gracia particular que Dios dispensa a cada uno de sus candeleros de acuerdo a sus debilidades y fortalezas.

– Darle rienda suelta a su lengua según sus propios criterios, y al salir de una iglesia que le acogió con amor, consideración y en medio de sus debilidades que le soportaron por mucho tiempo, regar comentarios destructivos que ni siquiera honran su profesión de fe, ni mucho menos le sirve a cuerpo de Cristo. Si un individuo salió de una congregación bíblica, y en su inmadurez no encuentra nada bueno que decir, que tampoco diga nada malo.

Como nota, son asuntos de ética básica, ética de niños principiantes, que debería ser observada en un espíritu de amor y buena voluntad en las iglesias. «Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que ….sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad» (1 Ti 3:15).


[1] Romanos 15:20: «Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno».

[2] Confesión Bautista de Fe de 1689, 26:7.

PERSEVERAR EN LA ORACIÓN

Por James Smith, 1856

«Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias» (Col.4:2).

El cristiano ora tan naturalmente como respira; porque la oración es el aliento del alma regenerada. La oración es el efecto de la enseñanza divina, y la prueba de la presencia del Espíritu Santo en el corazón. Si se le prohibiera orar, el cristiano sería desgraciado; si no fuera ayudado [por el Espíritu] a orar, estaría abatido y debilitado.

El cristiano debe orar y, sin embargo, a menudo siente que es difícil hacerlo. Tiene la tentación de omitirla, de apresurarse en ella y de infravalorarla. Satanás odia la oración, y trata por todos los medios de desanimarnos en ella. Pero el pecador debe orar, o perecer; y el creyente debe orar, o ser desgraciado. Pero no oramos como debemos, con fe, fervor e importunidad; ¡ni tanto como deberíamos! Porque por la presión de los negocios, la carnalidad de la mente y los desalientos que encontramos, con demasiada frecuencia descuidamos la oración.

Por lo tanto, el apóstol exhorta: «Perseveren en la oración», no sólo comiencen a orar, sino continúen orando. Continúa, no dejes que nada te haga callar, sino persevera en la oración». Estas palabras son especialmente aplicables a tres clases de individuos.

Primero, los obreros del evangelio desanimados

Amigo, ¿estás trabajando para Dios? ¿Predicas el evangelio de Cristo -o enseñas a los niños pequeños, y tratas de llevarlos a Jesús- o distribuyes Biblias y folletos del evangelio -o hablas, a tu pobre manera, cuando se presenta la oportunidad- con la esperanza de que Dios bendiga una palabra tuya? ¿Y estás desanimado porque no aparece ningún fruto, o porque ves muy poco resultado bueno de tus labores? Empezasteis con la oración, ¿no es así? Tu objetivo ha sido el honor de tu querido Salvador y el bien de las almas inmortales, ¿no es así? Entonces no te desanimes, sino persevera en oración.

Puede que tengas una primavera tardía, pero habrá una buena cosecha. No se trabaja trabajar para Dios en vano. Cada sugerencia de lo contrario viene de Satanás – y debes resistirlo. Ora – para que puedas orar más. Es decir, en la oración – busca la gracia de la oración, y Dios escuchará, las nubes se reunirán, la lluvia caerá, la semilla crecerá, y una gloriosa cosecha recompensará tu trabajo. Por lo tanto, mi pobre hermano desanimado, mi pobre hermana desanimada. Levántate y vuelve a la carga. Persevera en la oración y Dios nunca te decepcionará.

En segundo lugar, creyentes probados

Algunos cristianos son muy probados. Una prueba parece pisar los talones de otra, como los mensajeros de Job. Es más, a veces parecen venir de dos en dos, o de dos en tres. Probados en el alma, probados en la familia, probados en el mundo, y, tal vez, probados en la iglesia también. Esto es penoso. La oración ha subido al cielo, se ha repetido una y otra vez, pero no se ha enviado ninguna respuesta, la prueba continúa, las fuerzas parecen fallar, la esperanza se tambalea, la fe se tambalea. El probado está tentado a rendirse.

Pero no, no, mi pobre amigo probado, ni por un momento contemples la idea de rendirte; sino persevera en la oración. Dios ha prometido escucharte, responderte y liberarte, solo que no te ha dicho cuándo. ¿No recuerdas que no vino a sus discípulos en el lago hasta la cuarta vigilia de la noche? Tú tienes prisa, pero Dios no ve la necesidad de apresurarse. No estás fuera de sus pensamientos. Él ha registrado tu oración, y si pudieras ver su libro, leerías el registro, y tal vez, verías escrito en el margen: “Para ser contestada cuando la fe haya sido bien probada, la paciencia haya sido suficientemente ejercitada, y la sinceridad haya sido completamente probada”. O, “Para ser respondido justo cuando el sol se ponga hoy”. No cedas, pues, a la tentación, no aflojes tu mano, sino lucha como Jacob, toda la noche, hasta el amanecer.

“La promesa puede demorarse mucho,

 pero nunca llega demasiado tarde”.

En tercer lugar, el cristiano perseguido

La persecución no es lo que era antes – pero muchos son perseguidos todavía.

Muchos, muchos trabajadores honestos son perseguidos por su cruel amo;

muchos comerciantes pobres son perseguidos por su vecino rico;

muchas siervas piadosas son perseguidas por su orgullosa e imperiosa dueña;

muchas esposas consecuentes son perseguidas por su marido ignorante y carnal;

muchos niños cristianos son perseguidos por sus padres necios y mundanos;

muchos súbditos cristianos son perseguidos por magistrados papistas, bajo leyes injustas.

Mi pobre hermano perseguido, a veces te resulta difícil sufrir por Cristo; por muy dispuesto que esté el espíritu, la carne es débil. Satanás te acosa extrañamente, tergiversa a tu Dios y desconcierta tu alma. Pero resiste; si ahora sufres con Jesús, pronto reinarás con él. Si sufres por Cristo, feliz eres; porque el Espíritu de gloria y de Dios descansará sobre ti. Persevera en la oración, y se te dará más gracia; gracia que te permitirá gloriarte en tus tribulaciones, gracia que te permitirá tomar con alegría la confiscación de tus bienes, gracia que te hará más que un conquistador, y la liberación vendrá en la retaguardia de la gracia. Aquel que te sostiene ahora, te emancipará pronto – antes, tal vez, de lo que prevés. persevera en la oración.

La oración calmará tu espíritu atribulado,

aliviará tu mente agobiada,

te llevará a la presencia de Dios,

te fortalecerá contra la tentación, y

te fortalecerá con fuerza en tu alma.

Hay muchas RAZONES por las que debemos continuar en la oración – toma tres.

Primero, porque Dios lo requiere

Él te dice, por los labios de Jesús, que «debes orar siempre – y no desmayar». Él te dirige, por Pablo, «a orar sin cesar». Es un hecho sorprendente, pero es un hecho, que a Dios le gusta oírnos orar. Nunca se cansa de escucharnos. Por muy pobres que sean nuestras oraciones, por muy rotas e inconexas que sean, por muy imperfectas que nos sintamos totalmente avergonzados de ellas, al Señor le encanta escucharnos. Y, tal vez, una de las razones por las que no responde antes es porque le gusta mucho oírnos orar.

En segundo lugar, porque Dios lo aprueba

Si nos permitiera seguir orando, para nuestro propio alivio simplemente – sería una misericordia. Pero nos lo exige como un deber, y lo aprueba como un acto de obediencia. Él ama que su hijo hable con él, que lo trate con confianza, y que espere bendiciones de él. Y por eso dice: “persevera en la oración – y tan pronto como sea bueno para ti, y honorable para Mí – ¡seguramente responderé a tus oraciones!”.

En tercer lugar, porque Él lo recompensa

Aquellos que rezan más – obtienen más. No porque haya algún mérito en la oración – sino porque es el plan del Señor; él quiere que sea así, le agrada que sea así. Por eso Jesús dijo: «Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público».

Perseveremos en la oración, entonces, cuando todo esté oscuro y lúgubre, nuestro Padre puede oírnos y podemos hablarle y suplicarle aun en tinieblas. Las horas oscuras hacen brillar las promesas, hacen que las promesas brillen, que el trono de la gracia se haga más querido y que realzan el valor de nuestros privilegios.

«Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma» dice la esposa; busquémosle también nosotros, clamemos a Él, invoquémosle, supliquémosle y no le demos descanso, hasta que se levante y tenga misericordia de nosotros.

Persevera en la oración, cuando todo sea desalentador. Si, como Jacob, pensamos que todo está en contra nuestra; o incluso concluimos con Jeremías: «Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día» – sigamos orando. Si restringimos la oración – seremos los perdedores. Si perseveramos en la oración – debemos prevalecer. Él dijo: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá».

Perseveremos en la oración, aunque todo parezca descorazonador. Fue descorazonador para los discípulos trabajar toda la noche y no pescar nada; sin embargo, por orden de su Maestro, volvieron a echar la red. Así que, por muy descorazonados que estemos por la larga espera, aunque la esperanza prorrogada haya enfermado el corazón – sin embargo «No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos». Oremos, pues, siempre, y no desmayemos.

Por muy oscura que sea la noche,

por muy desalentadoras que sean nuestras circunstancias,

por muy descorazonados que estemos…

levantémonos, comencemos de nuevo y digamos: «Que Satanás diga lo que quiera, que la incredulidad actúe como pueda, que mi corazón me engañe siempre, que nunca tantas circunstancias se levanten para desanimarme, pero yo continuaré en la oración, confiaré en el Señor y me apoyaré en mi Dios».

Persevera en la oración, aunque no se nos dé respuesta. La pobre mujer sirofenicia clamó a Jesús; pero, «no le respondió palabra». Cayó a sus pies y le suplicó, como solo una madre puede suplicar; pero él la rechazó. Ella continuó orando hasta que él exclamó: «¡Oh mujer, grande es tu fe!». Precioso ejemplo este del poder de la oración, de la importancia de perseverar en ella. Sigue en ella, pues, aunque día tras día esperes y no llegue ninguna respuesta; o si, después de esperar mucho, te dan una respuesta aproximada.

No había nada más que amor en el corazón de José cuando contestó ásperamente a sus hermanos; así también no hay nada más que amor en el corazón de Dios, cuando tienes que decir: «Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación».

Persevera en la oración, aunque vuestros enemigos prevalezcan contra vosotros. Puede que no sea una prueba del desagrado de Dios, aunque lo hagan. Los enemigos de José prevalecieron contra él; los enemigos de Daniel prevalecieron contra él; y los enemigos de Pablo prevalecieron contra él – pero ¿fueron estos casos alguna prueba del desagrado de Dios? No, ninguna, y como se dijo de Gad, así se demostró de ellos: «Gad, ejército lo acometerá; mas él acometerá al fin». El triunfo de tus malvados enemigos no es más que breve; pues Dios abatirá a tus enemigos delante de tu rostro, y asolará a los que te odian al final.

Persevera en la oración, aunque Dios parezca estar en contra de ti. Puede cubrirse con una nube, como si estuviera decidido a que tu oración no pase. Puede retener el rostro de su trono, y colgar una nube sobre él. Pero, como Jacob, cuando el ángel quiso dejarlo sin la bendición, se negó y venció; como los discípulos de Emaús, cuando Jesús hizo como que iba a ir más lejos, lo obligaron y convencieron – así debes hacerlo tú. Él puede tardar en responder a la oración – pero nunca negará la oración de su hijo. Puede probar tu fe ahora; pero la honrará al final. Si frunce el ceño, suplica; si calla, llora más; y si su carro se pone en marcha, corre detrás de él y no te dejes vencer, debes prevalecer.

Si alguien de la familia de Dios necesita esta exhortación a perseverar en oración, ¡yo soy el hombre! Por naturaleza, retraigo de suplicar a Dios; a menudo desanimado por las circunstancias externas y las dudas, los temores y la incredulidad interior; acosado por Satanás, y propenso a creer sus mentiras – ¡cuántas veces he refrenado la oración ante Dios!

Si alguien de la familia de Dios necesita oración, ¡yo soy el hombre!

Mira donde quieras, verás causas para persevera en la oración. En el mundo – ¡cuántas! En la iglesia – ¡cuántas! En el corazón – ¡cuántas!

Oh, Espíritu de Dios, como Espíritu de oración, reposa en mi alma, llena mi corazón y llévame diariamente al trono de la gracia. Ayuda mis debilidades, provéeme de argumentos, enciéndeme de celo, imparte fe, infunde poder, y permíteme «persevera[r] en la oración, velando en ella con acción de gracias».

EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA

Por John Angell James, 1837

Al tratar de resolver la difícil cuestión de hasta qué punto un cristiano puede participar activamente en los asuntos del gobierno civil, o en lo que técnicamente se llama «política», hay que tener en cuenta dos cosas.

En primer lugar, que el gobierno civil y el cristianismo, aunque son totalmente distintos en su naturaleza y diseño, no se oponen el uno al otro. Este último nos enseña nuestros deberes religiosos, o en otras palabras, cómo podemos servir a Dios aquí, y obtener la salvación eterna más allá de la tumba; mientras que el gobierno civil, aunque sancionado e impuesto en cuanto a su principio general por el Nuevo Testamento, es totalmente, en cuanto a sus disposiciones específicas, una provisión de habilidad humana, para asegurar la tranquilidad y la libertad, durante nuestra permanencia en la vida presente. Dice el Sr. Hall: «Entre instituciones tan diferentes en su naturaleza y objeto, es evidente que no puede subsistir ninguna oposición real; y si alguna vez se las representa bajo esta luz, o se las considera inconsistentes entre sí, debe proceder de una ignorancia de su respectivo ingenio y funciones». Es evidente, pues, que no hay nada en la política como tal que sea incompatible con la más estricta profesión del cristianismo.

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EL CARÁCTER DEL HIPÓCRITA

Por C.H. Spurgeon

Extracto del sermón: ¡Hipocresía! (1859)

«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía» (Lc.12:1).

Tenemos una descripción elaborada del hipócrita en el capítulo que acabamos de leer, Mateo 23, y no sé si puedo retratarlo mejor que volviendo de nuevo a las palabras de Cristo.

Un hipócrita puede ser conocido por el hecho de que su discurso y sus acciones son contrarios entre sí. Como dice Jesús, «dicen y no hacen». El hipócrita puede hablar como un ángel, puede citar textos con la mayor rapidez; puede hablar de todos los asuntos de la religión, ya sean doctrinas teológicas, cuestiones metafísicas o dificultades experimentales. En su propia estima sabe mucho y cuando se levanta para hablar, a menudo te sentirás avergonzado de tu propia ignorancia en presencia de su conocimiento superior.

Pero vedle cuando pasa a la acción. ¿Qué ves ahí? La más completa contradicción de todo lo que ha dicho. Les dice a los demás que deben obedecer la ley; ¿la obedece él? Ah, no. Declara que los demás deben experimentar esto, aquello y lo otro, y establece una fina escala de experiencia, muy por encima incluso de la del propio cristiano, pero ¿la toca? No, ni siquiera con uno de sus dedos. Les dirá a otros lo que deben hacer, pero ¿recordará sus propias enseñanzas? No.

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¿PODEMOS APRENDER A ESTAR CONTENTOS?

J. R. Miller

Alguien ha dicho que si los hombres se salvaran por el contentamiento, en vez de por la fe en Cristo, la mayoría de la gente se perdería. Sin embargo, el contentamiento es posible. Hubo un hombre, por lo menos, que dijo, y lo dijo muy honestamente: «He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación». Sus palabras tienen un valor especial, también, cuando recordamos en qué circunstancias fueron escritas. Fueron escritas en una prisión, cuando el escritor llevaba una cadena. Es bastante fácil decir tales cosas en los días veraniegos de prosperidad; pero decirlas en medio de pruebas y adversidades, requiere una experiencia real de vida victoriosa.

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LO QUE ERA, LO QUE SOY Y LO QUE SERÉ

James Smith [1]

Mi objetivo es conducir la mente

del YO – a Jesús;

del pecado – a la salvación;

de los problemas de la vida – a los consuelos del evangelio.

Mi propósito es

humillar al pecador – y exaltar al Salvador;

despojar a la criatura – y colocar la corona en la cabeza de la gracia gratuita de Dios.

No puedo atribuir demasiado a Jesús, ni demasiado poco al hombre.

A veces es provechoso mirar hacia atrás, y ver lo que éramos, y lo que probablemente seríamos, si el Señor nos hubiera dejado en paz. No es menos provechoso, a veces, mirar a nuestro alrededor y a nuestro interior, y detenernos un rato en lo que el Señor ha hecho por nosotros. También es muy placentero mirar hacia adelante, y anticipar lo que seremos, cuando el Señor haya cumplido en nosotros todo el placer de su bondad, y haya coronado de gloria su obra de gracia. Sea, pues, este nuestro empleo durante unos minutos, y que el Espíritu Santo haga provechosas nuestras meditaciones. Nos haremos tres preguntas:

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LA AMBICIÓN PERSONAL OBSTACULIZA LA VIDA Y EL MINISTERIO CRISTIANOS

E. M. Bounds (1835 – 1913)

«Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús» (2 Co.4:5).

«Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda […] Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Mt.20:20-21, 25-28).

La ambición personal es uno de los mayores obstáculos para la vida cristiana y especialmente para la predicación – porque nace del YO y se nutre del orgullo. Se manifiesta de varias maneras como: el deseo de ser un gran predicador, de tener el primer lugar, de ser un líder, o de asegurar lugares de honor o de beneficio. Este deseo se vela bajo muchos disfraces. Se bautiza con el apellido “loable”, y cuando entra en la iglesia, empieza a trabajar sus esquemas egoístas y mundanos. Una persona puede ser cristiana de nombre y miembro de la iglesia, pero si se deja llevar por la ambición personal, es un infiel de corazón y mundano. Los días en que la ambición ha prevalecido en la iglesia – han sido días de suprema mundanidad eclesiástica y de extrema apostasía.

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