LA CONVERSIÓN ES UNA COSA NECESARIA

rylePor J.C. Ryle

Este es un punto de gran importancia. Algunas personas eminentes de creer están muy dispuestas a admitir que la conversión es una verdad bíblica y una realidad, pero creen no es algo con lo que se debe presionar a la mayor parte de nuestro pueblo. Aceptan que los paganos necesitan la conversión. Admiten también que los ladrones, los caídos y los presos en las cárceles requieren conversión. Pero hablar de que la conversión es necesaria para la gente que asiste a la iglesia es hablar de cosas que no comprenden para nada. “A lo mejor tales personas, en algunos casos, necesitan una pequeña sacudida o que se les corrija.

Quizá no sean todo lo bueno que debieran ser, les sería mejor prestar más atención a la religión, ¡pero no tiene usted derecho a decir que necesitan convertirse!”. Este concepto, tristemente común, es una quimera. Es pura invención humana, sin un ápice de fundamento en la Palabra de Dios. La Biblia enseña expresamente que el cambio de corazón llamado conversión es algo absolutamente necesario para todos. Es necesario debido a la corrupción total de la naturaleza humana. Es necesario por la condición del corazón natural de cada persona. Todas las personas nacidas en el mundo, de todo rango y nación, tienen que pasar por un cambio de corazón entre la cuna y la tumba antes de poder ir al cielo. Todos, todos sin excepción, tienen que convertirse.

Sin la conversión del corazón no podemos servir a Dios en la tierra. Por naturaleza, no tenemos ni fe en Dios ni en su Hijo Jesucristo, ni temor de él, ni amor a él. No nos deleitamos en su Palabra. No nos gozamos en la oración o comunión con él. No disfrutamos de sus ordenanzas, su casa, su pueblo o su día. Es posible que practiquemos una forma de cristianismo y observemos una serie de ceremonias y funciones religiosas. Pero sin la conversión no tenemos más corazón en nuestra religión que un ladrillo o una piedra. ¿Puede un cadáver servir a Dios? Sabemos que no. Pues bien, sin la conversión estamos muertos para Dios.

Mire a su alrededor, a la congregación con la que se reúne cada domingo. Note el poco interés que la gran mayoría demuestra en lo que está sucediendo. Observe la indolencia, apatía e indiferencia de la mayoría a todo lo relacionado con la iglesia. ¡Salta a la vista que sus corazones no están allí! Están pensando en otra cosa y no en la religión. Están pensando en los negocios, o el dinero, o los placeres, o los planes mundanos, o los sombreros, o la ropa, o los vestidos nuevos, o las diversiones. Sus cuerpos están presentes, pero no sus corazones. ¿Y cuál es la razón? ¿Qué es lo que todos necesitan? Necesitan la conversión. Sin ella, solo asisten a la iglesia con el fin de lucirse para luego salir de la iglesia y servir al mundo y sus pecados.

Pero esto no es todo. Sin la conversión del corazón no podríamos disfrutar del cielo, si acaso allí llegáramos. El cielo es un lugar donde la santidad reina suprema, y donde el pecado y el mundo no tienen parte. El compañerismo será todo santo; las actividades serán todas santas; será un Día del Señor eterno. Por supuesto que si vamos al cielo, tenemos que tener un corazón en armonía con él y capaz de disfrutarlo, de otra manera no seríamos felices. Tenemos que tener una naturaleza en armonía con el elemento en el cual vivimos y el lugar donde moramos. ¿Puede un pez ser feliz fuera del agua? Sabemos que no. Pues bien, sin la conversión de corazón no podríamos ser felices en el cielo.

Mire a su alrededor en el lugar donde vive y a las personas que conoce. ¡Piense en lo que muchas de ellas harían si se les privara para siempre de dinero, negocios, periódicos, cartas, deportes, carreras, cacerías y placeres mundanos! ¿Cómo serían? ¡Piense cómo se sentirían si se les encerrara para siempre con Jesucristo, los santos y los ángeles! ¿Serían felices? ¿Les sería placentera la compañía eterna de Moisés, David y San Pablo a aquellos que nunca se toman el trabajo de leer lo que estos hombres santos escribieron? ¿Serían las alabanzas eternas del cielo al gusto de aquellos que apenas pueden sacrificar unos minutos por semana para sus devociones privadas, aun para la oración? Hay solo una respuesta para todas estas preguntas. Tenemos que estar convertidos antes de poder disfrutar del cielo. El cielo no sería cielo para todo hijo de Adán sin la conversión.

No deje que nadie le engañe. Hay dos cosas que son absolutamente necesarias para la salvación de todos los hombres y mujeres sobre la tierra. Una es la obra mediadora de Cristo por nosotros; su expiación, el cumplimiento que hizo por el pecado y su intercesión. La otra es la obra de conversión del Espíritu en nosotros; su gracia guiadora, renovadora y santificadora. Tenemos que contar tanto con un título como con un corazón para el cielo. Los sacramentos son generalmente necesarios solo para los que ya son salvos; el hombre puede ser salvo sin ellos, como el ladrón arrepentido. Un interés en Cristo y en la conversión es absolutamente necesario, sin esto nadie puede ser salvo. Todos, todos por igual, personas eminentes o humildes, ricos o pobres, ancianos o jóvenes, educados o iletrados, gente de iglesia o disidentes, bautizados o no bautizados, tienen que convertirse o perecer. No hay salvación sin conversión. ES UNA COSA NECESARIA.

Publicado por Chapel Library.

Portavoz de Gracia Numero 195s

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