DOLOR POR EL PECADO

Thomas WatsonSEIS INGREDIENTES DEL ARREPENTIMIENTO

Por:  ThomasWatson (c. 1620-1686)

INGREDIENTE 2: SENTIR DOLOR POR EL PECADO.

“Me contristaré por mi pecado” (Sal. 38:18). Ambrosio llama al dolor o contrición la amargura del alma. La palabra hebrea para estar contristado significa “tener un alma, por así decir, crucificada”. Esto debe ser parte del verdadero arrepentimiento: “Y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán” (Zac. 12:10), como si sintieran los clavos de la cruz en sus costados. El que una mujer espere dar luz a un hijo sin dolores es igual a que uno espere tener arrepentimiento sin dolor. Desconfíe del que puede creer sin dudar, desconfíe del que se arrepiente sin dolor… Este dolor por el pecado no es superficial: es una agonía santa. Es lo que las Escrituras llaman quebrantamiento del corazón: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado” (Sal. 51:17); y un corazón rasgado: “Rasgad vuestro corazón” (Joel 2:13). Las expresiones herirse el muslo (Jer. 31:19), golpearse el pecho (Luc. 18:13), vestir cilicio (Isa. 22:12), arrancarse el pelo de la cabeza (Esd. 9:3), son todas señales exteriores de dolor interior.

Este dolor es:

(1) Para hacer inestimable a Cristo. ¡Oh qué deseable es un Salvador para el alma atribulada! Ahora Cristo es ciertamente Cristo, y la misericordia es ciertamente misericordia. Hasta que el corazón esté lleno de remordimiento después de haber pecado, no puede ser apto para Cristo. ¡Cuán bienvenido es el médico para el hombre cuyas heridas están sangrando!

Es (2) Para ahuyentar al pecado. El pecado produce dolor, y el dolor mata al pecado… Lo salado de las lágrimas mata el gusano de la conciencia.

Es (3) Para abrir el camino al verdadero consuelo. “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” (Sal. 126:5). El arrepentido adquiere una siembra regada de lágrimas, pero también una cosecha deliciosa. El arrepentimiento desintegra los abscesos del pecado y entonces el alma descansa… El que Dios agite el alma por el pecado es como el agitar del estanque por parte del ángel (Juan 5:4), lo cual abría el camino para la curación.

Pero no todo dolor es evidencia verdadera del arrepentimiento… ¿De qué se trata este arrepentimiento piadoso? Tiene seis requisitos:

  1. El auténtico dolor piadoso es interno. Es interno por dos razones:

(1) Tiene que ver con un dolor en el corazón. El dolor de los hipócritas se nota en sus rostros: “Demudan sus rostros” (Mat. 6:16). Ponen cara de afligidos, pero su dolor no pasa de allí, así como el rocío sobre una hoja no penetra hasta la raíz. El arrepentimiento de Acab era una demostración externa. Rasgó sus vestiduras, pero no su espíritu (1 Rey. 21:27). El dolor piadoso es profundo, como una vena que sangra por dentro. El corazón sangra por el pecado: “se compungieron de corazón” (Hch. 2:37). Como el corazón es el principal responsable del pecado, así también debe ser el dolor.

(2) Es un dolor por los pecados del corazón, los primeros brotes y apariciones del pecado. Pablo se entristeció por la ley en sus miembros (Rom. 7:23). El verdadero doliente llora por las muestras de orgullo y concupiscencia. Sufre por la “raíz de amargura” aunque nunca se manifieste en una acción. El hombre malo puede sentirse mal por los pecados desvergonzados; el verdadero convertido se la lamenta por los pecados del corazón.

  1. El dolor piadoso es honesto. Es un dolor por la ofensa más bien que por el castigo. La Ley de Dios ha sido quebrantada, su amor maltratado. Esto deshace en lágrimas al alma. El hombre puede lamentarse, pero no arrepentirse. El ladrón se lamenta cuando lo apresan, no porque haya robado sino porque tiene que pagar por su culpa… Por otro lado, el dolor piadoso es principalmente por haber pecado contra Dios, de modo que aun si no tuviere conciencia que lo molestara, ni el diablo que lo acusara, ni infierno que lo castigara, su alma todavía estaría atribulada por la falta cometida contra Dios… ¡Oh que no ofendiera yo a un Dios tan bueno, que no afligiera a mi Consolador! ¡Esto me destroza el corazón…!

  1. El dolor piadoso es uno que confía. Está entremezclado con la fe… El dolor espiritual hunde el corazón si la polea de la fe no lo levanta. Así como nuestro pecado está siempre delante de nosotros, debe estar también la promesa de Dios siempre delante de nosotros…

  1. El dolor piadoso es un dolor grande. “En aquel día habrá gran llanto…, como el llanto de Hadadrimón” (Zac. 12:11). Dos soles se pusieron el día que murió Josías, y hubo gran llanto fúnebre. A este extremo tiene que hervir el dolor por el pecado…

  1. El dolor piadoso en algunos casos va acompañado de restitución. Quien haya cometido una falta contra la propiedad de otros por medio de tratos injustos y fraudulentos debe conscientemente hacer restitución. Hay una ley específica para esto: “Y compensará enteramente el daño, y añadirá sobre ello la quinta parte, y lo dará a aquel contra quien pecó” (Núm. 5:7). Por ello, Zaqueo hizo restitución: “Si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadriplicado” (Luc. 19:8).

  1. El dolor piadoso es duradero. No tiene que ver con derramar unas pocas lágrimas por emoción. Algunos lloran a mares durante un sermón, pero es como el chaparrón de primavera, pronto pasa o como abrir una llave de agua que pronto uno cierra. El verdadero dolor tiene que ser habitual. Oh cristiano, la enfermedad de su alma es crónica y con frecuencia recurrente. Por lo tanto, usted tiene que aplicarse continuamente curaciones por medio del arrepentimiento. Tal es el dolor que es para con Dios, verdaderamente “piadoso”.

Extracto del Articulo

Tomado de Portavoz de la gracia

http://www.chapellibrary.org/spanish/spanish-broadcaster/

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¿LEGALISMO U OBEDIENCIA?

380D43EA-EF38-472B-A5E1-73FA85349D39Por: Arthur Pink

“Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor” (Juan 15:9). El amor de Cristo hacia nosotros no se ve afectado por nuestra inmutabilidad, pero nuestro disfrute de su amor depende de nuestra permanencia en este. Por esa permanencia en su amor, o esa continuación en este, como debe ser (la palabra griega es la misma), se entiende nuestra certeza real de este amor, nuestro reposo en él. No importa cuán misteriosas sean sus dispensaciones, no importa cuán severas sean las pruebas a través de las cuales él nos hace pasar, nunca debemos dudar de su amor inconmensurable por nosotros. 

La medida de su amor por nosotros se exhibió en la Cruz, y como él es el mismo ayer y hoy, él nos ama de la misma manera hoy y en cada momento, como cuando él puso su vida por nosotros. “Permanecer en su amor”, entonces, es estar ocupado con él, contar con él, ser persuadido que nada será capaz de separarnos nunca de él. Vivir con un amor pobre y fluctuante hacia él nos hará miserables; pero tener el corazón fijo en su amor maravilloso, ese amor que «sobrepasa todo entendimiento», nos llenará de alabanza y acción de gracias […] «Permanecer» en Cristo es permanecer en su amor. Nuestro crecimiento procede del amor al amor.

«Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor.» (Juan 15:10). […] No puede haber fruto para el Padre, si no permanecemos en el amor de Cristo, a menos que haya una sujeción real de la voluntad a él. Es sólo en el camino de la obediencia que el Señor tendrá comunión con nosotros. Por desgracia, ¡cuántos yerran en este punto! Vivimos en una época en la que abunda la anarquía. La insubordinación abunda en cada mano. En muchos lugares, incluso los cristianos profesantes ya no toleran la palabra «mandamientos». Aquellos que urgen al deber de la obediencia al Señor, son considerados como enemigos de la fe, y son acusados de llevar a los cristianos a la esclavitud. Satanás es muy sutil, pero no somos ignorantes a sus maquinaciones. Él busca persuadir a los pecadores de que deben guardar los mandamientos de Dios para ser salvos. Pero también trata de hacer que los Santos crean que no deben guardar los mandamientos de Dios, pues de otra manera se estarían poniendo «bajo la ley», bajo un grave yugo de esclavitud.

Sin embrago, estas mentiras engañosas del diablo deben ser probadas por las Escrituras, y su falsedad pronto aparecerá. 1 Corintios 9:21 nos dice que estamos «bajo la ley a Cristo». Romanos 13:10 nos asegura que «el amor es el cumplimiento de la ley»: su marca del cumplimiento, no la derogación de este, ni su sustitución. El apóstol Pablo declaró que «se deleitaba en la ley de Dios después del hombre interior», y que «servía la ley de Dios» (Rom. 7:22-25). Y aquí, en Juan 15, el Señor mismo dijo a sus discípulos: «Si guardas mis mandamientos, permanecerás en mi amor”. Oh compañeros cristianos, no permitan que el hombre sofista (no importa que sea juzgado como un maestro bíblico competente), y ningún arte engañoso de Satanás, te robe esta palabra del Salvador; una palabra que todos necesitamos ahora más que nunca, cuando toda autoridad, divina y humana, es cada vez más burlada. Note que ésta no era la única vez que Cristo hizo mención de sus mandamientos y presionó a sus discípulos a su obligación de guardarlos. Véase Juan 13:34; Juan 14:15; Juan 15:10; Mateo 28:20, etc.

«Así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor» (Juan 15:10). He aquí la última palabra contra aquellos que denuncian la obediencia piadosa como «legalismo». El Hijo encarnado caminó según los mandamientos de su Padre. Él «no se agradó a sí mismo» (Rom.15:3). Su comida era hacer la voluntad del que le había enviado. Y nos ha dejado un ejemplo de que debemos seguir sus pasos. «El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo» (1 Juan 2:6). El que ignora los «mandamientos» de Dios, no camina como Cristo caminó; en cambio, anda así como el mundo anda. Que nadie preste atención a la objeción ociosa de que los «mandamientos» de Cristo se oponen o incluso difieren de los mandamientos del Padre. Cristo y el Padre son uno — uno en naturaleza, uno en carácter, uno en autoridad. Los “mandamientos de Cristo” incluyen la totalidad de la parte preceptiva de las Sagradas Escrituras, con la excepción de aquellos rituales y estatutos políticos que se refieren a las dispensaciones introductorias que han desaparecido” (Dr. John Brown). ¡Y que sea dicho de nuevo, que ningún cristiano puede permanecer en el amor de Cristo a menos que esté guardando los mandamientos de Cristo!

Arthur Pink. Expotition Gospel of Jhon. John 15:9-10