¿A QUÉ SE DEDICA UN PASTOR?

¿Cuáles funciones definen su oficio? ¿En qué deben ocupar su tiempo como ancianos? ¿Por qué trabajos serán valorados y por faltar a cuáles tareas serán reprendidos?

Esta es una pregunta importante, ya que la costumbre de muchas iglesias es inventar cargos u oficios no bíblicos, y a la vez, darle un significado arbitrario a los oficios que la Biblia ordena. Así, muchas iglesias ni siquiera saben qué esperar de sus pastores, cuáles son sus oficios, a qué deberían dedicarse. Esto ha hecho que pastores resulten haciendo de todo y nada a la vez, o que falten en algunos de sus oficios esenciales. Todo esto en prejuicio de sus iglesias locales.

Las funciones de los pastores están señaladas a lo largo de Nuevo Testamento. No hay secciones exclusivas que nos hablen de sus oficios, sino que existen pasajes aquí y allá que nos enseñan sus labores por la vía de los mandatos a ellos y por la vía del ejemplo de lo que hacían los pastores en las primeras iglesias.

Podemos señalar sin lugar a dudas que los ancianos de una iglesia se dedican a:

– Pastorear, y aquí entendemos el oficio del anciano como Pastor, apacentador

– Gobernar, y aquí se nos resalta su oficio de gobierno y presidencia

– Enseñar (predicar, instruir), y aquí su oficio como maestro

Estas labores están planteadas de manera general, por lo que debajo de cada encabezado, existen algunas precisiones adecuadas.

Muchas iglesias confunden predicador con pastor, desean buena enseñanza de parte de ellos, pero nada más. Un pastor es mucho más que una persona que Dios puso para dar clases como de seminario al que usted viene a escucharlo, alguien que llena su intelecto y se va. Eso es ajeno a la Palabra de Dios.

Un anciano es un individuo que le alimenta por medio de la Palabra de Dios, que supervisa el entendimiento, el crecimiento, la aplicación de la Palabra de Dios en los creyentes, es alguien que puede modelar la fe y ser ejemplar a causa de haber peregrinado de la mano del Señor por un buen tiempo. Es alguien que revisa, supervisa, administra, guía, instruye, manda, exhorta, gobierna y enseña a su iglesia local.

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7 ASUNTOS DONDE SE DEBE PRESTAR ATENCIÓN A LOS LLAMADOS DE “UNIDAD” EN LA IGLESIA DE HOY

La unidad es, sin duda, un precioso don de Cristo, donde su pueblo debe ser solicito en guardar y preservar (Ef.4:3). Sin duda que dones como la unidad, no solo representan el corazón de Cristo (Jn.17:20-21), sino que pueden llegar a ser de enorme beneficio para el avance del reino de Dios (Hch.2:46-47). Sin embargo, al definir la unidad en términos contemporáneos, humanistas y coloquiales, este don puede ser pervertido, idealizado y puesto como un fin en sí mismo y no como un don instrumental. Al llegar a este punto, “todo vale” para lograrla, como se nota en los continuos llamados a buscarla, independientemente de la verdad dela Palabra, o en detrimento o disminución de ella.

Deseo proponer al menos 7 asuntos previos donde los llamados a la “unidad” contemporánea de la iglesia, en programas y causas deben ser advertidos como peligrosos, si no se dimensiona, y se miran sus implicaciones a la luz de la verdad Bíblica:

1) Unidad sobre la base del amor y no sobre la base de la verdad.

Lo que ocurre con este planteamiento es que, si no hay verdad, el amor, cuya base se usará para la unidad, no será más que una propuesta humana. Es la verdad la que da contenido al amor y es la verdad el fundamento único de la verdadera unidad de la fe. Llamados de “amor” sin el contenido de la verdad, han generado grandes caos en la iglesia de hoy, posicionando causas inmorales en el mundo. Todo lo contrario a 2 Juan 1,3 y 3 Juan 1.

2) Unidad sobre verdades generales, y no especificas

Es común encontrar que, si la “unidad” va a ser posible, lo será en los términos de la verdad más genéricos, amplios y extensos que se puedan, ya que, al pretender ser más específicos en la verdad, se hará para destruir la “unidad”. Los credos y confesiones más genéricos son apreciados más que aquellos que son específicos y puntuales en definir la verdad. Por eso la “unidad” así planteada se lleva a cabo con el mínimo común denominador y no sobre la base de más luz (Ef.4:13-15).

3) Unidad sobre verdades ambiguamente presentadas

La búsqueda de un lenguaje inclusivo, no solo se presenta en las filosofías claramente mundanas, sino en las procuras de aquella esquiva “unidad”. En días actuales se llama a la unidad por el “evangelio”, “por la cruz”, “la verdad”, pero ambiguamente planteadas, y en significados indefinidos, porque la precisión no es un don que se estime hoy, pues por defecto es seleccionador (Ez.22:26; 44:23).

4) Unidad bajo ciertos ministerios o causas

La descomunal debandada de actividad evangélica ha hecho que se llame a la “unidad” pero en una sola vía, especialmente desde las plataformas más influyentes. Es decir, el llamado es a apoyar ciertas causas o a los principales ministerios y plataformas. Estas demandan “unidad” al participar de sus asuntos, mientras que el trato no es reciproco ¿Ha visto acaso a las celebridades apoyar el programa modesto de una iglesia pequeña? ¿No es al revés? Sin duda que el panorama es este, si usted no apoya o no anda detrás de los mega ministerios, de usted se dirá que no procura la “unidad” …así van las cosa hoy.

5) Unidad estilo “espacio seguro”

Unidad al estilo de la filosofía actual de la tolerancia en una sola vía. La “unidad” promovida hoy es una donde “todos tienen la razón”, donde no haya espacios para la discrepancia, ni mucho menos para la controversia ni la corrección. Entonces, cada vez más, las verdades absolutas se vuelven relativas, no en teoría sino en el compromiso mental de cada persona, pues ¿No es lo mismo creer en verdades relativas que creer en verdades absolutas y sostenerlas relativa y ambiguamente?

6) Unidad pragmática y utilitarista

Entendiendo aquella “unidad” que busca más el resultado que el principio. La unidad por la unidad, la unidad por el compañerismo, la unidad por la influencia, la unidad por el nombre, la unida por al impacto social y más, son marcas de los llamados actuales a ella. La unidad bíblica es el medio para representar y dar a conocer los intereses de Cristo, y esto en la esfera salvadora., no es un don para promover cualquier causa considerara loable.

LAS ORDENANZAS PÚBLICAS SON UNA MEJOR SEGURIDAD CONTRA LA APOSTASÍA QUE LAS PRIVADAS Y, POR LO TANTO, DEBEN SER PREFERIDAS, –

UN ARGUMENTO DIGNO DE NUESTRA OBSERVACIÓN EN ESTOS TIEMPOS DE RETROCESO-.

El que quiere las ordenanzas públicas, cualquiera que sea el medio privado en que las disfrute, está en peligro de apostasía. David estuvo en los deberes privados de la adoración de Dios tanto como cualquier otro, mientras estuvo en el destierro; sin embargo, debido a que fue privado de las ordenanzas públicas, se consideró a sí mismo como en gran peligro de idolatría. Lo cual se desprende claramente de su discurso: “Me han echado hoy de permanecer en la herencia del Señor, diciendo: Ve, sirve a otros dioses” (1 Samuel 26:19). No había nadie sobre Saúl tan profano como para decirle expresamente: Ve y sirve a otros dioses. Entonces, ¿por qué les acusa así? Pues, sino porque al desterrarlo de la herencia del Señor y las ordenanzas públicas, que eran la mejor parte de esa herencia, lo expusieron a tentaciones que podrían llevarlo a la idolatría y privarlo de lo que era su gran seguridad contra ello. Bien podrían haber dicho claramente: Ve y sirve a otros dioses, como expulsarlo de la adoración pública del Dios verdadero, al que consideraba el preservador soberano de la idolatría.

Pero tenemos demasiados casos más cercanos para confirmar esto. ¿No es el rechazo de las ordenanzas públicas el gran paso hacia las lamentables apostasías entre nosotros? ¿Quién se aparta de la verdad y la santidad del evangelio en opiniones y prácticas licenciosas, que no se haya apartado primero de las ordenanzas públicas? ¿Quién hay en estos tiempos que ha hecho naufragar la fe y la buena conciencia, que no haya arrojado primero por la borda el culto público de Dios? El triste asunto de abandonar las asambleas públicas (demasiado visible en la apostasía de diversos profesantes) debería enseñarnos esta verdad, que las ordenanzas públicas son la gran seguridad contra la apostasía, una seguridad mayor que los deberes privados y, por tanto, preferibles.

Para este fin fueron dados, para que no seamos sacudidos de un lado a otro con todo viento de doctrina (Efesios 4:14). No es de extrañar que aquellos que rechazan los medios se queden tan lamentablemente cortos del fin; no es de extrañar que sean arrojados de un lado a otro, hasta que no les quede nada más que viento y espuma. Este fue el medio que Cristo prescribió a la iglesia, para que no se desvíe hacia los rebaños de aquellas compañías, hipócritas o idólatras: “Apacienta las tiendas de los pastores” (Cantares 1). No es de extrañar si los que huyen de esas tiendas se convierten en presa de lobos y zorros, de seductores y destructores. Las ordenanzas públicas son un medio más eficaz para preservar de la apostasía y, por lo tanto, deben preferirse antes que las privadas.

David Clarkson (1622-1686), en Practical Works, vol. 3, chap. 7.

Tomado de: https://honradalhijo.com/

FALTA DE PIEDAD DOMÉSTICA…FRACASO PASTORAL

Albert Martin

El ministerio de muchas iglesias está estorbado terriblemente por la ausencia de la piedad práctica en los ministros. Es significativo que en 1 Timoteo 3, habiendo mencionado que el hombre debe ser irreprensible, Pablo inmediatamente lo aplica en forma específica al líder potencial, a su vida doméstica. «El que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía.» (Tito 1:6; lTim.3:2) «Pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?» (1 Tim.3:5).Y yo digo, no con censura sino con verdadera preocupación, que el ministerio de muchos pulpitos está siendo negado, debido a la falta de piedad práctica en la vida doméstica. Recientemente, esta situación captó mi atención cuando se le pidió a un ministro que renunciara a su iglesia debido a la lengua incontrolable de su esposa.

En esencia, el problema no radicaba en el mensaje del hombre o su ministerio, sino la falla en el gobierno de su propia casa, y en la sujeción de su esposa con respecto a su imprudencia y chisme.¿Cómo pueden los ministros atreverse a llamar a otros a ser obedientes a la Palabra de Dios, si ellos son desobedientes en este asunto? Dios dice claramente que para calificarse para la posición de obispo, nuestros hogares se deben gobernar bien. Esto no quiere decir que tenemos que ser perfectos en este gobierno; no significa que tengamos el poder para infundir gracia en las almas de nuestros hijos. Pero, si nosotros no demostramos principios claros, y nuestras propias vidas no son lo suficientemente relevantes por su ejemplo piadoso para gobernar nuestros hogares, ¿Cómo podremos gobernar la Casa de Dios? Este es el punto vital. Es mi convicción personal que si un hombre fallara en cumplir con este requisito, no tendría más derecho a permanecer en el ministerio, que si fallara en cumplir cualquiera de los otros requisitos.

Tomado de: ¿QUÉ ESTÁ FALLANDO CON LA PREDICACIÓN?

EL ASUNTO DEL LIDERAZGO AUTOIMPUESTO, AUTONOMBRADO Y EL ASUNTO DEL LIDERAZGO IMPUESTO POR TERCEROS

La mayoría de líderes que se autoimponen son los dueños literalmente de sus “iglesias”, aunque tememos llamarles así. Jamás fueron examinados bíblicamente, jamás rindieron una explicación, fueron hombres con capacidades y carisma natural, pero el Espíritu Santo jamás los hizo pastores. Sin embargo, lo más probablemente, es que viendo una oportunidad empezaron a liderar, les empezaron a llamar ‘pastor’, porque ellos mismos se juzgaron a sí mismos ministros competentes del Nuevo Pacto. Así como se autonombraron, también organizan la iglesia como quieren, encaminan la iglesia como bien les parece. Muchos hombres hoy llegan al pastorado porque sienten en su alma que son pastores, se creen con la potestad de abrir una nueva iglesia, compran unas sillas, instrumentos y se autodenominan líderes de la iglesia. Ellos mismos se calificaron, se corroboraron, se probaron, se promocionaron y se impusieron a un grupo de creyentes.

Otra gran confusión que se ha vuelto común y es, en total desconocimiento de las Escrituras, pensar y concluir que uno estudia para ser pastor o que existen organizaciones que puedan hacer esto. Existen algunas entidades de preparación teológica donde se va para que al terminar las asignaturas se gradúe como “pastor”. Se asume que el oficio de pastor viene a ser como una profesión que el individuo elige. Tenemos muchos seminaristas liderando iglesias, sin un llamado real, divino, dado por Dios y reconocido por una iglesia bíblica. Allí van hombres, generalmente jóvenes, con su cartón reluciente para cometer todo tipo de errores, pecados y desviaciones imaginables y sin imaginar. Son neófitos en cuanto a la fe, inmaduros en la vida cristiana, solo tienen una serie de horas crédito de instituciones que les debieron aclarar que ellos solo recibirán una orientación teológica pero que solamente Dios llama, lo que hace capacitando con dones y que usa a la iglesia para corroborar ese llamado. Organizaciones para eclesiales o extra eclesiales, han servido para instrumentalizar a las iglesias, para que elijan pastores, no basados en las Escrituras ni basados en buen conocimiento, sino usando a un cuerpo de creyentes para imponer al individuo que ellos ya tenían planeado. Esta imposición, sea que se dé por vía de autoridad foránea, o sea que se dé por la vía de la instrumentalización de una iglesia ingenua, ha puesto hombres en las iglesias sin la debida observancia de lo requerimientos bíblicos.

John Owen dice: “La elección por sufragio y consentimiento de la iglesia, se requiere para el llamamiento de pastor o maestro, de modo que, sin esto, formal o virtualmente dado u obtenido, el llamado sería una violación de la regla y defectuoso por más que se lleve a cabo o se solemnice. Hay solo dos lugares en el Nuevo Testamento donde se menciona la manera en que cualquier persona es llamada de manera ordinaria a cualquier ministerio en la iglesia, y en ambos se menciona su elección por parte de la comunidad de la iglesia, y en ambos, los mismos apóstoles presidieron con una plenitud del poder eclesiástico, y sin embargo, no privaron a las iglesias de lo que era su libertad y privilegio. El primero de ellos fue Hechos 6 […] Lo mismo se menciona en Hechos 14:23, donde se dice que Pablo y Bernabé ordenaron acianos en las iglesias por su elección y sufragio. Pues la palabra griega allí usada no admite ningún otro sentido, sin importar que sea expresada ambiguamente en nuestra traducción.[…] Por lo tanto este derecho y privilegio de la iglesia, al elegir a los que han de ser puestos sobre ellos en la obra del Señor, se ha conservado durante mucho tiempo inviolable en las iglesias primitivas, como lo atestiguan abundantemente los antiguos […] Esta institución de nuestro Señor Jesucristo por medio de sus apóstoles, es adecuada a la naturaleza de la iglesia y de la autoridad que Él ha establecido que permanezca en ella, pues las personas pertenecen a la iglesia por su propio consentimiento voluntario […] El estado de iglesia es un estado de absoluta libertad bajo Cristo, no para que los hombres hagan lo que quieran, sino para que los hombres cumplan su deber literalmente, sin coacción. Ahora bien, nada es más contrario a esta libertad que la imposición de sus guías, gobernantes y supervisores sin su consentimiento […] lo cual en este respecto no pueden hacer si no tiene su libre consentimiento de la elección de sus pastores o ancianos, sino que son considerados como personas mudas o criaturas brutas […] Tampoco hay alguna otra manera ordinaria de comunicar la autoridad de alguien en la iglesia, sino mediante la sumisión voluntaria y el sometimiento de la iglesia misma a ellos”. Hasta aquí Owen.

Pasados por la regla de la estricta cualificación bíblica y de su reconocimiento oficial por medio de una iglesia instruida bíblicamente ¿Cuántos pastores quedarían en las iglesias hoy?

EL PASTOR Y SU ESPOSA

Por Alan Dunn

La aptitud del pastor para el liderazgo espiritual será absolutamente evidente en la forma en la que trate a su propia esposa. Ella es la respuesta a la pregunta sobre la influencia que este hombre puede tener sobre otras personas.[…] Si el anciano es verdaderamente un hombre de carácter piadoso y capaz de influenciar a los demás con su santidad, entonces ¿dónde será esto más evidente si no en su propio matrimonio? Pablo dice que si él la ama, entonces amará a la iglesia.

Si es sensible con ella, Pablo dice que lo será con la iglesia. Si ella se somete a él es porque lo respeta y confía en él; por consiguiente, la iglesia no tiene ningún motivo para pensar si es digno de confianza o no. Se ha ganado el respeto y la confianza de la mujer que le conoce y le ve en sus peores momentos, en privado y que sigue confiando en él. Si ella no está dispuesta a que él la guíe, la iglesia debería preguntarse si se dejaría dirigir por él. ¿Qué sabe ella sobre él que nosotros desconocemos? Si no es capaz de mantener el respeto de su esposa, ¿no será porque ella ve hipocresía en el hogar?[…] Se le ha dado la posición de responsabilidad y liderazgo.

No debemos ejercer como señores sobre nuestras esposas como los gentiles que se hacen con la autoridad y la convierten en tiranía y manipulación. Debemos liderar en Cristo; no debemos ejercer la autoridad para nuestros propios propósitos egoístas, ni debemos imponernos a la fuerza sobre otros. Debemos hacerlo mediante la entrega. Debemos gobernar mediante el servicio. Tenemos que hacerlo como un salvador para que el resultado de nuestro liderazgo sea promover la salvación de aquellos a los que estamos guiando.[…] El amor del esposo debe ser algo que dé vida porque es una sola carne con su mujer. La salud y el vigor de ella son también los suyos. Debe amarla como se amaría a sí mismo porque es una sola carne con ella. Debe alimentarla; esto significa que debe proporcionarle alimento para algo: para su salud y bienestar. Debe ser cariñoso con ella.

En el original esta palabra significa suavizar algo calentándolo, manteniendo la relación en un estado cálido y afectuoso, cuidando tiernamente de ella, suavemente, dulcemente. Como dice Pablo, tiene que considerarla como vaso más débil porque es tierna y frágil. El liderazgo de él no debería aplastarla, sino alimentarla. ¿Por qué? Porque así es como Cristo trata a su Iglesia: la alimenta y la cuida. Él sirve a su Iglesia con ternura, bondad, cariño y sacrificándose a sí mismo. De esta manera, la va guiando hacia la santidad.[…] La forma en la que haya alimentado a su esposa, la manera en la que ella haya crecido bajo su dirección será el tipo de influencia que deseamos como pueblo de Dios. Reconocemos las aptitudes, los dones, las virtudes para ese tipo de liderazgo. Nos gustaría que ese hombre fuese nuestro pastor. ¿Ve cómo encaja todo?

Tomado de:https://heraldodegracia.org/2010/02/el-pastor-y-su-esposa/

¿QUÉ DICEN LOS HIJOS DE UN PASTOR ACERCA DE SU CUALIFICACIÓN MINISTERIAL?

Por Alan Dunn

El pastor no solo debe preocuparse por su esposa, sino que también debe ocuparse de sus hijos. Debe cuidar de ellos […] La habilidad de un hombre para proporcionar un liderazgo espiritual no solo se verá en su matrimonio, sino también en la forma en la que ejerza la autoridad como padre. No podemos infravalorar la influencia que un padre tiene sobre sus hijos. Así como un marido debe amar a su esposa como Cristo ama a la Iglesia, también debe el padre amar y disciplinar a sus hijos en la forma en la que nuestro Padre celestial nos ama y nos disciplina a nosotros.

Por medio de su adoración, ese hombre generará y transmitirá a sus hijos y a sus nietos un criterio de vida hecho de valores distorsionados. Dios dice en su palabra que esto formará parte de su juicio contra ese hombre porque Él es celoso de su propio nombre y de la revelación que ha dado de sí mismo. Por el contrario, si el padre ama y obedece al verdadero Dios vivo, si guarda su pacto y aprende a amarle a Él y a su prójimo, recibe la promesa de que su amorosa misericordia visitará a los hijos y les transmitirá un sistema de valores definido por el verdadero Dios vivo. Crecerán para honrar sus mandamientos y sus leyes; recibirán aliento, como su progenitor, para aceptar al Dios de sus padres. Ahora […] No estoy diciendo que todos los hijos de todos los hombres cristianos se convertirán y serán salvos. Tampoco estoy diciendo que todos los hijos de los hombres inconversos no serán nunca salvos.

A lo que me estoy refiriendo es al hecho de que la verdadera religión se suele pasar de una generación a la siguiente, dentro de la estructura de unos padres piadosos y que, a menudo, esta forma de ser padres es el medio primordial que Dios utiliza para la evangelización. La naturaleza misma de la propia religión, falsa o verdadera, es lo que se transmite de padres a hijos. De manera que, si un hombre puede influenciar espiritualmente a sus hijos y llevarles al verdadero Dios, Jesucristo, podéis esperar que la tenga también sobre los demás para la causa de Cristo.[…] Cuando la iglesia ve que los hijos del pastor le obedecen con amor, asisten a los cultos de adoración con todo respeto, prestan atención al ministerio de predicación de su padre, el efecto que esto produce sobre ellos es obvio. Cuando crecen, sus elecciones demuestran que han abrazado los valores de su padre. Entonces esa iglesia recibe la prueba de que ese hombre no es un hipócrita en su hogar. Es dueño de la conciencia de sus hijos. No es de una forma en el púlpito y de otra en privado. Vive con integridad y coherencia para ganar la aprobación de la conciencia de su esposa y de sus hijos. Por medio de sus vidas, la esposa y los hijos del pastor están diciendo a la iglesia: “este es un hombre digno de confianza; es un hombre fiel; es capaz de influenciar vuestras almas para vuestro beneficio espiritual”. La esposa y los hijos se convierten en parte de sus cualificaciones para el ministerio.

A medida que criamos a nuestros hijos, les evangelizamos y oramos por ellos para que el Espíritu de Dios penetre en nuestra disciplina y en la instrucción del Evangelización que les damos. Pero, queridos hermanos, yo no puedo hacer que mi hijo crea. No puedo obligar a mi hijo a que se arrepienta sinceramente. No puedo darle el nuevo nacimiento. Sin embargo, como padre cristiano y como pastor, soy responsable de entrenar a mi hijo para que sea fiel, para que sea digno de confianza, para que se pueda confiar en él. Hermanos, hasta los incrédulos pueden hacer esto. Aun ellos pueden entrenar a sus hijos para esto. Aunque el niño no crea, aunque pueda llegar a rechazar la fe y al Dios de su padre, abrace una religión falsa y viva la vida de rebeldía del hijo pródigo, por lo menos debe ser respetuoso hacia la autoridad de su padre.

Si vive en el hogar del padre, y sobre todo si ese es el caso, puede ser un incrédulo, pero debe mantener ese hogar irreprochable. Debe seguir manteniendo el buen orden de esa casa.[…] ¿Qué dirían tus hijos si les pidieras: “por favor, venid y dad testimonio a estos hermanos sobre mi liderazgo en casa”? ¿Te dejarían en evidencia y te harían sentir mal, o te elogiarían? Está claro que ellos saben que tú no eres un hombre perfecto. Saben que no eres un hombre sin pecado. ¿Pero creen que eres un hombre sincero? ¿Te respetan porque saben que te ven luchando honestamente con tus pecados según el Evangelio; que traes el Evangelio para que tenga influencia sobre sus pecados y que llevas a cabo un liderazgo honesto en el hogar para su beneficio espiritual? ¿Te ven como un hombre íntegro, sin hipocresía y te respetan y te aman por ello? ¿Aunque te vean en tus peores momentos, en tu debilidad y en tu pecado, te ven a pesar de todo como un hombre del Evangelio?Tu esposa y tus hijos son prioridades para ti como pastor.

Completo aquí:https://heraldodegracia.org/2010/02/el-pastor-y-sus-hijos/

¿PUEDE UN PASTOR SER PASTOR DE MÁS DE UNA IGLESIA AL MISMO TIEMPO?

John Owen

Eso también viola la regla y es injustificable. Ahora bien, un hombre puede tener una relación de anciano, pastor o ministro con más de una iglesia de dos maneras: a) Formal y directamente, por un interés formal en ellos totalmente equitativo, asumiendo el cargo pastoral de ellos equitativamente y por igual, siendo llamado por igual a ellos y aceptando tal relación. b) Virtualmente, cuando extiende su poder o autoridad en actos ministeriales en o hacia otra en virtud de su relación con la iglesia.

La primera forma es ilícita y destructiva, tanto del oficio como del deber de pastor. Porque, así como los ancianos son ordenados en y para las iglesias respectivamente de las cuales deben cuidar (Hch.14:23; Tito 1:5), y su poder y oficio consiste en una relación con la iglesia sobre la cual han sido puestos, así mismo se les ordena que se ocupe del servicio de las iglesias en las cuales y a las cuales son ordenados (Hch.20:28; 1 P.5:2). Y haciéndolo con toda diligencia y cuidado y vigilancia como los que deben dar cuenta (Hb.13:17), lo cual ningún hombre es capaz de hacer para con más de una iglesia, ya que le mismo deber debe ser cumplido en todo momento para con todas. Y puesto que toda la autoridad de los ancianos, pastores u obispos de las iglesias es ministerial (1 Co.4:1), que consiste en el poder actuar bajo el mandato de Cristo, están obligados en sus propias personas al cumplimiento de su deber y oficio sin el menor pretexto para delegar la autoridad a otro, o a otros, para que desempeñen en su parte o cumplan con su deber – lo cual sería un efecto de la autoridad autocrática, y no de obediencia o ministerio.

La segunda forma de relación con muchas iglesias es injustificable porque:

1) No tiene orden en las Escrituras. No se puede mostrar ninguna ley no constitución de Cristo o de sus apóstoles que den consentimiento a ellos, sino que los ancianos fueron ordenados a sus propias iglesias y se les ordenó que se ocuparan de ellas.

2) Ninguna regla es dada a algún anciano sobre cómo debe conducirse en referencia a más de una iglesia en el ejercicio de su poder ministerial. En cambio, sí hay reglas dadas a cada uno para el cumplimiento de ese deber en la iglesia a la que él está relacionado.

3) No hay ningún ejemplo registrado en las Escrituras que dé cometimiento de ello.

4) La Autoridad que se presenta no tiene fundamento.

Primero, no se puede buscar este fundamento en los dones que han recibido porque el poder ministerial no es una habilidad o facultad absoluta de hacer lo que el hombre es capaz, sino un derecho por el cual el hombre tiene poder de hacer recta y lícitamente lo que antes no podía hacer. Los dones no le dan a nadie esto, porque si lo hicieran, lo harían a todos los que los han recibido.

Segundo, no se puede buscar este fundamento en su elección, porque son escogidos en y por esa iglesia con la cual tiene una relación particular, cuya elección no puede dar poder ministerial sobre nadie más que sobre sí mismos.

Tercero, no se puede buscar este fundamento en su separación por el ayuno, la oración o la imposición de manos, porque esto es únicamente para este oficio, obra y poder para la cual han sido escogidos. No son elegidos para un fin y apartados para otro.

Cuarto, no se puede buscar este fundamento a partir de la comunión con otras iglesias porque eso no da ningún poder nuevo, sino solo un ejercicio debido de aquello que fue antes recibido.

¿QUÉ ES EL “EVANGELIO SOCIAL” O EL “EVANGELIO DE LA JUSTICIA SOCIAL”?

Aunque hoy día usted puede encontrar buenos artículos que le explican de forma histórica y más profunda, solo deseo darle un repaso generalizado para que pueda ubicar la relevancia de este tema:

El “Evangelio social” es aquella interpretación de la naturaleza y funciones de la iglesia, que en su mejor caso dice: que la iglesia tiene dos funciones o misiones y esto por su naturaleza de ser sal y luz en medio del mundo, a saber, la gran comisión y el mandato de redimir una cultura para Dios. Esto es, que como insisto, en su mejor interpretación, la iglesia tiene el deber de predicar el evangelio y procurar la solución de las problemáticas sociales, o de predicar el evangelio mientras promueve buenas y justas condiciones sociales.

En su peor versión, si se puede decir, se trata casi de una reinterpretación de lo que es el evangelio, el evangelismo y la iglesia, no solo equiparando la labor social de la iglesia con el evangelio, sino que en la práctica sustituyéndolo. El “Evangelio social” como ha evolucionad hasta hoy en los círculos más “conservadores” tiene como madre de esta reinterpretación de la iglesia y sus funciones.

Usted tendrá que ver el aporte a este “Evangelio social” más moderno desde Billy Graham, John Stott, recientemente Francis Chan, David Platt, Timothy Keller, John Piper (Keller y Piper, quienes participaron en el concilio ecuménico de Lausana), NT Wright, Rick Warren, y otros tantos de ese nivel.

Usted empezará a ver la diferencia entre tener una responsabilidad social como uno de los fines que en sí tiene la iglesia, y ver la mejora social como uno de los productos que vienen cuando la iglesia responde a su verdadera vocación en este mundo. Lo primero representa el “Evangelio Social”, lo segundo lo que insistimos, es la labor de la iglesia. La inmensa guerra se está dando nuevamente en otros lugares del mundo en este aspecto, mientras a Latinoamérica nos llegará las peores sobras de esa confrontación.

Ahora bien, si ya tenemos un problema con la interpretación de lo que es la iglesia y sus funciones, el asunto se acrecienta por no saber diferenciar lo que creyentes a nivel individual pueden y deben hacer en la medida de lo que es legitimo y que vaya de acuerdo a su profesión de fe, y lo que la iglesia, como cuerpo de Cristo y limitada en sus funciones por prerrogativa divina, puede y debe hacer. En esto debemos ser claros, y es que, a la iglesia, como iglesia, nunca se le dio la tarea de transformar o crear cultura ni redimirla, si es que eso es posible. Su único mandato bíblico para el mundo, es hacer discípulos.

Aunque los cristianos como individuos han de ser sal y luz en nuestro mundo lo cual puede tomar muchas formas de acuerdo al contexto y situación, pueden muy bien estar involucrados, junto con los no creyentes y dentro de los parámetros bíblicos, en asuntos de la sociedad, algunas acciones solidarias y la protección de la creación de Dios, como cuando ayudamos después de un huracán, defendemos el valor de la vida y nos oponemos al aborto y la eutanasia, cuando hacemos algo para aliviar la enfermedad del que sufre, etc., no podemos minimizar que el ejemplo del Nuevo Testamento y el precepto claro, es que los seguidores de Cristo deben discipular a la gente para Jesucristo lo cual incluye la evangelización y la formación en la obediencia.

Pero ¿Cuál es entonces la misión de la iglesia? ¿Es la misión de la iglesia hacer frente a todas las necesidades de todas las personas, o está más limitado en su alcance? Actualmente y en visión del “Evangelio social”, es popular comprender la misión de la iglesia como la de la evangelización, el discipulado, para satisfacer las necesidades tanto de los creyentes y no creyentes y la transformación de la sociedad. Pero cuando basamos nuestras órdenes de misión del Nuevo Testamento en vez de la cultura (sola Scriptura en vez de sola cultura), queda claro que la tarea de la Iglesia es llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra, haciendo discípulos a todas las que vienen a Cristo y el cuidado de los necesitados que se convierten en parte del cuerpo de Cristo.

Latinoamérica debe advertir, según el ejemplo que ya se presentó en los Estados Unidos, que la iglesia, como iglesia, se movilizó a elegir al candidato que más habló del racismo, la pobreza, la inmigración, las minorías LGBTI, aun cuando promovía el aborto y la eutanasia, ridiculizando los valores históricos del cristianismo entre otras. Y esto a causa de que los mismos cristianos han malentendido la responsabilidad de la iglesia la que debe velar por intereses singulares de un aspecto particular. Cuando hoy día cristianos exhortan a la iglesia a “dejar de hablar”, a “dejar las cuatro paredes” y que se involucre en la asistencia social como parte de su función, iglesias conservadoras vemos con preocupación el aroma de este gran peligro que resultará poniendo la agenda social en la boca de la iglesia y sustituyendo o matizando el glorioso evangelio en nuestros labios.

Es por ese motivo que usted hoy ve iglesias de tradición conservadora marchando, dándose la mano con católicos agnósticos y hasta ateos para promover una agenda común, haciendo pancartas y hasta apoyando causas a favor de las minorías discriminadas, sin saber que al hacerlo sin sabiduría, detrás de cada arenga, intereses diversos y ateos son apoyados. Y esto, porque permitimos que la Biblia fuer sustituida por los clamores de la agenda social, que parecen llegarnos más al fondo y confundimos dramáticamente lo que es la iglesia y para qué Dios la puso en la tierra.

Nota: Le aseguro que usted va a entender muchos más del panorama actual aun de los énfasis de la neoreforma y sus principios sociales y de contextualización del evangelio, si con paciencia lee el siguiente artículo:https://evangelio.blog/…/el-evangelio-social-ayer-y…/

Y sigue los enlaces de:https://evangelio.blog/tag/justicia-social/

¿JUSTICIA PROPIA?

No puedo sino recomendar el sermón de Spurgeon: «Un Golpe propinado a la justicia propia».

Este sermón es una buena medicina tomada regularmente. Dejo este extracto y el enlace de este maravilloso (y humillante) sermón:

«Pero, prosiguiendo, el argumento de una justicia propia se contradice a sí mismo sobre otra base pues, todo lo que argumenta un hombre que tiene justicia propia es una justicia comparativa. “Vamos”—comenta él— “yo no soy peor que mis vecinos; de hecho soy muchísimo mejor que ellos; no bebo, no profiero juramentos; no cometo ni fornicación ni adulterio; no quebranto los días de guardar; no soy un ladrón; las leyes de mi país no me acusan y mucho menos me condenan; soy mejor que la mayoría de los hombres, y si yo no me salvara, que Dios ayude a aquellos que son peores que yo; si yo no entrara al reino del cielo, entonces, ¿quién podría hacerlo?”.

Ni más ni menos, pero entonces, todo lo que tú argumentas es que eres justo en comparación con otros. ¿No ves que este es un argumento muy vano y fatal, porque admites de hecho que no eres perfectamente justo; que hay algún pecado en ti, aunque argumentas que no hay tanto pecado en ti como alguien más? Admites que estás enfermo aunque la mancha de la plaga no sea tan aparente en ti como en tu prójimo. Tú admites que le has robado a Dios y has quebrantado Sus leyes, sólo que no lo has hecho con un propósito tan malvado ni con tantos agravantes como otras personas. Ahora, esto es virtualmente una confesión de culpabilidad, no importa como quieras disfrazarla. Admites que has sido culpable, y contra ti se dicta la sentencia: “El alma que pecare, esa morirá.”

Cuídate de no encontrar ningún abrigo en este refugio de mentiras, pues ciertamente te fallará cuando Dios venga a juzgar al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud.

Sermón completo: http://spurgeongems.org/schs350.pdf