A QUÉ SE DEDICA UN DIÁCONO

Al situarnos en el texto principal de Hechos 6, vemos el espíritu o el principio de lo que es un diácono. Al ver en un sentido más amplio cómo se usa la palabra diácono o diaconía, observamos que hay un énfasis en un servicio de misericordia que debe ser prestado, pero como hablamos de un oficio formal, debemos decir que es el servicio de misericordia como un ministerio, y no lo que informalmente una iglesia pueda hacer. Hay que advertir que el diaconado no debe desembocar en un cargo inventado o pragmático en la iglesia. Lo refiero porque en muchas iglesias el diacono es más directamente un administrador (una mezcla de tesorero, contador, administrador propiamente dicho), cuando no, el diácono en una iglesia es más parecido al conserje (encargado de las necesidades del edificio más que de las necesidades de la iglesia).

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LA NATURALEZA DEL OFICIO DIACONAL

La naturaleza del oficio diaconal es el hacer misericordia de las maneras más prácticas posibles, en asuntos particulares. Hablamos de la misericordia en el sentido de aquellos que se encuentran en un estado de vulnerabilidad física, material, con todo aquello que está alrededor de estas providencias. El diaconado debe expresar de manera práctica, tangible, el cuidado a aquellos que caen en el rango de los necesitados, aquellos que no pueden suplir de manera adecuada o suficiente sus necesidades básicas, pese a que se dan a los medios legítimos con diligencia para poderlas suplir. También de aquellos que, con dificultad, con grandes luchas, tropiezos y estorbos, suplen sus necesidades, pese a su correcta administración. Y de aquellos que por providencias especiales están inhabilitados para proveerse un sustento y que no tienen familia que pueda ver por ellos.

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DIÁCONOS: MINISTROS DE MISERICORDIA

El diaconado hace parte de los dos tipos de oficiales que existen en la organización bíblica de una iglesia local. Así está claro en Filipenses 1:1: «Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos». Además, como habíamos ya aclarado, cuando Timoteo es instruido a hacer todas las cosas de acuerdo a la voluntad de Dios porque la iglesia es casa Suya, es llevado a reconocer solo dos tipos de oficiales, obispos y diáconos. A pesar que en una iglesia pueda haber cantidad de dones, tenemos pues dos oficios de la iglesia.

LA PALABRA “DIÁCONO” Y DERIVADOS

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LA SIMPATÍA DE CRISTO CON EL CRISTIANO EN LA TENTACIÓN

Por Octavius ​​Winslow, 1877 [1]

«Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados» (Heb.2:18).

Ascendemos con nuestro presente tema a una región más elevada y divina del pensamiento y del sentimiento. De la simpatía de los ángeles en la tentación de los piadosos (Mt.4:11), nos elevamos a considerar la simpatía del Señor de los ángeles. Y si la una ha demostrado ser tan inteligente, calmante y útil en la hora de la batalla y del peligro, ¿cuál debe ser el poder y el efecto de la otra? Infinitamente más allá de la capacidad combinada de todas las huestes del cielo, debe estar la de la Cabeza tentada y Salvador de Su Iglesia. Hay un punto de simpatía y poder que ningún ángel puede alcanzar. La simpatía más verdadera y más eficaz es la que fluye del sufrimiento afín. Aquel que me alivia en la tentación, que cura mi herida, y que llora cuando yo lloro, debe ser alguien a quien los arqueros han atravesado, a quien la adversidad ha instruido, a quien el dolor ha castigado. «No siendo inculto en el sufrimiento», dice un antiguo clásico, «aprendo a compadecer a los afligidos». Y no es menos expresivo el mismo sentimiento según un poeta moderno.

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CRISTO EL FIADOR

Richard Sibbes (1577-1635)

¿Cómo pudo Cristo ser abandonado por Dios, especialmente tan abandonado como para sufrir la ira de su Padre, siendo una persona inocente?

Respondo que,

1. El cordero pascual era una criatura inocente; sin embargo, si el cordero pascual era una vez sacrificado, debía morir. Aunque Cristo no podía ser más inmaculado, si humilló al oficio de Fiador, debía pagar nuestra deuda y hacer lo que nosotros deberíamos haber hecho. Si el hijo de un príncipe se convierte en fiador, aunque su padre lo ame y lo compadezca como nunca, sin embargo, le dirá: Ahora que has tomado esto sobre ti, debes cumplirlo.

2. Como en las cosas naturales la cabeza es castigada por la culpa del cuerpo, así Cristo, al unir su bendita naturaleza con la nuestra, formó un solo cuerpo místico y sufrió por nosotros.

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