RECONVINIENDO EN AMOR

Arthur Pink (Noviembre de 1943)

Hace algún tiempo recibimos la siguiente consulta de uno de nuestros lectores: “¿Cree usted que es posible ser demasiado crítico con los cristianos (?) hoy en día? La razón por la que puse un signo de interrogación después de ‘cristianos’ fue porque me pregunté si algunos de ellos realmente han nacido de nuevo del Espíritu. No siempre podemos saberlo, ¿verdad? ¿No debemos, en todo caso, decir la verdad con amor? Esta es una cuestión muy práctica para nosotros en este momento”.

Es una pregunta práctica para todos los que (por gracia) desean realmente conducirse de acuerdo con la voluntad revelada de Dios y seguir el ejemplo que Cristo mismo nos ha dejado. La redacción de estas preguntas indica que quien pregunta no tiene en mente el asunto de cómo debo actuar hacia alguien que me ha agraviado personalmente, sino más bien, ¿cuál es mi deber hacia los cristianos profesos con los que tengo contacto y cuyos caminos me afligen y cuyo andar me hace dudar de su regeneración? Como otros de nuestros lectores pueden ser ejercitados en estos puntos, ampliaremos aquí la respuesta dada a nuestro amigo.

Para empezar, dirijamos la luz de la Sagrada Escritura sobre este asunto: «No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado» (Lev.19:17). Hay tres cosas que exigen nuestra respuesta en oración.

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RECIBIR LA DISCIPLINA DIVINA

Arthur Pink

«Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él» (Hb.12:5).

No todas las disciplinas son santificadas para quienes las reciben; algunos se endurecen con ellos; otros son quebrantados bajo ellos. Mucho depende del espíritu con que se reciban las aflicciones. No hay ninguna virtud en las pruebas y los problemas en sí mismos: El cristiano se beneficia de ellos solo en la medida en que son bendecidos por Dios. Como nos informa Hebreos 12:11, son los que son «ejercitados» bajo la vara de Dios los que producen «fruto apacible de justicia». Una conciencia sensible y un corazón tierno son los complementos necesarios.

En nuestro texto se advierte al cristiano contra dos peligros totalmente diferentes: no menosprecies, no desmayes. Se trata de dos extremos contra los que es necesario mantenerse siempre alerta. Así como cada verdad de la Escritura tiene su contraparte equilibrada, también cada mal tiene su opuesto. Por un lado, hay un espíritu altivo que se ríe de la vara, una voluntad obstinada que se niega a ser humillada por ello. Por otro lado, hay un desmayo que hace hundir por completo bajo ella y da paso a la desesperación. Spurgeon dijo: “El camino de la justicia es un paso difícil entre dos montañas del error, y el gran secreto de la vida del cristiano es deslizarse por el valle estrecho en medio”.

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EL “EVANGELIO” DE SATANÁS

Arthur Walkington Pink

Satanás es el archifalsificador. Como hemos visto, el Diablo está ahora ocupado trabajando en el mismo campo en el que el Señor sembró la buena semilla. Está tratando de impedir el crecimiento del trigo mediante otra planta, la cizaña, que se parece mucho al trigo en apariencia. En una palabra, mediante un proceso de imitación pretende neutralizar la Obra de Cristo. Por lo tanto, así como Cristo tiene un Evangelio, Satanás también tiene un “Evangelio”; este último es una falsificación de aquél. El evangelio de Satanás se asemeja tanto a lo que imita, que multitudes de personas no salvas son engañadas por él.

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¿LEGALISMO U OBEDIENCIA?

380D43EA-EF38-472B-A5E1-73FA85349D39Por: Arthur Pink

“Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor” (Juan 15:9). El amor de Cristo hacia nosotros no se ve afectado por nuestra inmutabilidad, pero nuestro disfrute de su amor depende de nuestra permanencia en este. Por esa permanencia en su amor, o esa continuación en este, como debe ser (la palabra griega es la misma), se entiende nuestra certeza real de este amor, nuestro reposo en él. No importa cuán misteriosas sean sus dispensaciones, no importa cuán severas sean las pruebas a través de las cuales él nos hace pasar, nunca debemos dudar de su amor inconmensurable por nosotros. 

La medida de su amor por nosotros se exhibió en la Cruz, y como él es el mismo ayer y hoy, él nos ama de la misma manera hoy y en cada momento, como cuando él puso su vida por nosotros. “Permanecer en su amor”, entonces, es estar ocupado con él, contar con él, ser persuadido que nada será capaz de separarnos nunca de él. Vivir con un amor pobre y fluctuante hacia él nos hará miserables; pero tener el corazón fijo en su amor maravilloso, ese amor que «sobrepasa todo entendimiento», nos llenará de alabanza y acción de gracias […] «Permanecer» en Cristo es permanecer en su amor. Nuestro crecimiento procede del amor al amor.

«Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor.» (Juan 15:10). […] No puede haber fruto para el Padre, si no permanecemos en el amor de Cristo, a menos que haya una sujeción real de la voluntad a él. Es sólo en el camino de la obediencia que el Señor tendrá comunión con nosotros. Por desgracia, ¡cuántos yerran en este punto! Vivimos en una época en la que abunda la anarquía. La insubordinación abunda en cada mano. En muchos lugares, incluso los cristianos profesantes ya no toleran la palabra «mandamientos». Aquellos que urgen al deber de la obediencia al Señor, son considerados como enemigos de la fe, y son acusados de llevar a los cristianos a la esclavitud. Satanás es muy sutil, pero no somos ignorantes a sus maquinaciones. Él busca persuadir a los pecadores de que deben guardar los mandamientos de Dios para ser salvos. Pero también trata de hacer que los Santos crean que no deben guardar los mandamientos de Dios, pues de otra manera se estarían poniendo «bajo la ley», bajo un grave yugo de esclavitud.

Sin embrago, estas mentiras engañosas del diablo deben ser probadas por las Escrituras, y su falsedad pronto aparecerá. 1 Corintios 9:21 nos dice que estamos «bajo la ley a Cristo». Romanos 13:10 nos asegura que «el amor es el cumplimiento de la ley»: su marca del cumplimiento, no la derogación de este, ni su sustitución. El apóstol Pablo declaró que «se deleitaba en la ley de Dios después del hombre interior», y que «servía la ley de Dios» (Rom. 7:22-25). Y aquí, en Juan 15, el Señor mismo dijo a sus discípulos: «Si guardas mis mandamientos, permanecerás en mi amor”. Oh compañeros cristianos, no permitan que el hombre sofista (no importa que sea juzgado como un maestro bíblico competente), y ningún arte engañoso de Satanás, te robe esta palabra del Salvador; una palabra que todos necesitamos ahora más que nunca, cuando toda autoridad, divina y humana, es cada vez más burlada. Note que ésta no era la única vez que Cristo hizo mención de sus mandamientos y presionó a sus discípulos a su obligación de guardarlos. Véase Juan 13:34; Juan 14:15; Juan 15:10; Mateo 28:20, etc.

«Así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor» (Juan 15:10). He aquí la última palabra contra aquellos que denuncian la obediencia piadosa como «legalismo». El Hijo encarnado caminó según los mandamientos de su Padre. Él «no se agradó a sí mismo» (Rom.15:3). Su comida era hacer la voluntad del que le había enviado. Y nos ha dejado un ejemplo de que debemos seguir sus pasos. «El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo» (1 Juan 2:6). El que ignora los «mandamientos» de Dios, no camina como Cristo caminó; en cambio, anda así como el mundo anda. Que nadie preste atención a la objeción ociosa de que los «mandamientos» de Cristo se oponen o incluso difieren de los mandamientos del Padre. Cristo y el Padre son uno — uno en naturaleza, uno en carácter, uno en autoridad. Los “mandamientos de Cristo” incluyen la totalidad de la parte preceptiva de las Sagradas Escrituras, con la excepción de aquellos rituales y estatutos políticos que se refieren a las dispensaciones introductorias que han desaparecido” (Dr. John Brown). ¡Y que sea dicho de nuevo, que ningún cristiano puede permanecer en el amor de Cristo a menos que esté guardando los mandamientos de Cristo!

Arthur Pink. Expotition Gospel of Jhon. John 15:9-10