LA DOCTRINA DE LA ENCARNACIÓN

Imagen relacionada[…] ¿Qué, entonces, acerca de esta doctrina? ¿Qué podemos decir de ella en general, especialmente teniendo presente a los que les resulta problemática? Quiero sugerir una vez más que es una doctrina muy inevitable si realmente creemos en la doctrina de la encarnación. Si realmente creemos que el niñito en el pesebre en Belén fue la Segunda Persona de la Trinidad —y es la pura verdad— entonces no veo que haya ningún problema con esta doctrina del nacimiento virginal. De hecho, tendría mucho más problema si no tuviera la doctrina del nacimiento virginal para creer. El hecho de la encarnación es tan inusual, tan excepcional, tan milagroso y misterioso que esperaría que todo lo relacionado con él fuera igual, como realmente lo fue. Dicho de otra manera: el nacimiento virginal fue la señal del misterio de la encarnación. Fue una especie de símbolo de aquel misterio. Allí estaba en una forma tangible, este nacimiento virginal. Todo lo relacionado con nuestro Señor es misterioso. Su venida al mundo fue misteriosa. Su partida fue misteriosa. No vino el mundo como cualquier otro; no partió como cualquier otro. La resurrección fue tan única como el nacimiento virginal. Jamás le había ocurrido a nadie. Él fue “el primogénito de los muertos” (Apoc. 1:5); “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29). La resurrección fue igualmente sorprendente.

Así que le diría a cualquiera que tiene problemas con el nacimiento virginal: ¿Tiene el mismo problema con la resurrección? Si comenzamos con la doctrina de la encarnación sabiendo lo que estamos diciendo, si tenemos conciencia de que realmente estamos hablando de la Segunda Persona de la Trinidad, entonces ¿no es de esperar que su nacimiento fuera totalmente inusual y excepcional? Y así fue. Fue excepcional de principio a fin. Trataré de ayudarles diciéndolo así: Si uno no cree en la doctrina del nacimiento virginal, ¿cómo puede explicar que no tenía pecado? O digámoslo así: Si hubiera nacido de la manera usual, de un padre y una madre, entonces hubiera sido como cualquier otra persona, hubiera sido de la descendencia directa de Adán, y se aplicaría a él decir: “como en Adán todos mueren” (1 Cor. 15:22). Hubiera muerto en Adán, y hubiera sido culpable del pecado original y de la culpabilidad original. Pero la doctrina de la encarnación nos dice inmediatamente que eso no es lo que sucedió. Repito que aquí no fue creada una persona nueva.

Esta persona era la Persona eterna, la Segunda Persona de la Trinidad. Cuando marido y mujer se juntan y nace un hijo, este es una persona nueva, una personalidad nueva. Eso no fue lo que sucedió en la encarnación. Con un padre y una madre humanos, tendríamos un humano descendiente directo de Adán, y por lo tanto, pecador y caído. La única manera de prevenir eso sería decir que un tipo similar de operación realizada por el Espíritu Santo en María tendría que haberse realizado en José.

De hecho, eso no nos ayuda. Si ya estamos teniendo problemas en creer esta operación milagrosa en María, es que la estamos dudando; y esto nos resultaría más imposible todavía de creer. No, si realmente nos aferramos a la doctrina de la encarnación misma, que esta Persona bendita adoptó la naturaleza humana que tenía que ser sin pecado porque no podía unirse a nada que fuera pecaminosa, entonces existe una sola alternativa, y esta es que tenía que nacer, no de la manera común, sino de esta manera especial.

Es de notar que la doctrina entera está llena de obstáculos y dificultades porque cuando lo digo de esa manera, estoy seguro que muchos pensarán: “¡Ah, comprendo! Dios creó para él una naturaleza humana especial, ¿no es cierto?” ¡No, claro que no! Ya he denunciado esto como herejía. Jesús obtuvo su naturaleza humana de María, pero fue obrada por el Espíritu Santo de manera que fue totalmente libre del pecado y de toda contaminación. Así es como estamos ante él. Estamos ante este misterio divino, ¡Dios en la carne! El hecho más extraño, más maravilloso que jamás haya sucedido: sí, no dudo en decirlo, el acto supremo de Dios. Es tan supremo que esperaría que fuera inusual en todo sentido, y encuentro que las Escrituras dicen que lo fue. Fue concebido por el Espíritu Santo, nació de una virgen llamada María. El varón fue totalmente excluido, no intervino para nada. Allí está José para recordarnos ese hecho. Fue enteramente obra de Dios. Y comprendamos y recordemos que todo sucedió para que pudiéramos ser salvos, para que nuestros pecados pudieran ser perdonados. El Hijo de Dios se hizo hombre a fin de que los hijos de los hombres pudieran llegar a ser hijos de Dios.

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Reconocido predicador expositivo y pastor de Westminster Chapel, Londres, 1938-68; nacido en Gales, Reino Unido.

 Extracto del Articulo: Cristo es el Verbo Hecho carne

Portavóz de gracia Numero 219s. Publicado por Chapel Library © Copyright 2015 Chapel Library, Pensacola, Florida, USA.

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