EL CARÁCTER DEL HIPÓCRITA

Por C.H. Spurgeon

Extracto del sermón: ¡Hipocresía! (1859)

«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía» (Lc.12:1).

Tenemos una descripción elaborada del hipócrita en el capítulo que acabamos de leer, Mateo 23, y no sé si puedo retratarlo mejor que volviendo de nuevo a las palabras de Cristo.

Un hipócrita puede ser conocido por el hecho de que su discurso y sus acciones son contrarios entre sí. Como dice Jesús, «dicen y no hacen». El hipócrita puede hablar como un ángel, puede citar textos con la mayor rapidez; puede hablar de todos los asuntos de la religión, ya sean doctrinas teológicas, cuestiones metafísicas o dificultades experimentales. En su propia estima sabe mucho y cuando se levanta para hablar, a menudo te sentirás avergonzado de tu propia ignorancia en presencia de su conocimiento superior.

Pero vedle cuando pasa a la acción. ¿Qué ves ahí? La más completa contradicción de todo lo que ha dicho. Les dice a los demás que deben obedecer la ley; ¿la obedece él? Ah, no. Declara que los demás deben experimentar esto, aquello y lo otro, y establece una fina escala de experiencia, muy por encima incluso de la del propio cristiano, pero ¿la toca? No, ni siquiera con uno de sus dedos. Les dirá a otros lo que deben hacer, pero ¿recordará sus propias enseñanzas? No.

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