ÉTICA PASTORAL …ÉTICA COMO MIEMBROS…¡AL MENOS LO MÍNIMO POR FAVOR!

Ciertamente mientras más avanza estas nuevas tendencias de hacer iglesia con la nueva realidad del internet errónea y no bíblica por demás, van surgiendo más malos conceptos y prácticas a nivel de los pastores y miembros de las iglesias. Cuando se establece en la iglesia una norma que no es bíblica, y se empieza a razonar a favor de esa norma, no podemos esperar resultados bíblicos.

Nos encontramos hoy en una sobreoferta de tendencias eclesiásticas que han estimulado el espíritu de la “conveniencia” de las personas, acrecentando, lo que llamaremos, el tráfico de información y de miembros que, en su “mejor” caso, perturban de forma terrible el orden de las propias iglesia locales, y en su peor caso, se estimula al cristiano utilitarista a ir de aquí para allá, con el espíritu del comprador que se caracteriza por poner su propio gusto, criterio y conveniencia, por delante, debilitando así  el cuerpo de Cristo, y  obvio, su propia vida espiritual, a saber, dañando la expresión legitima, espiritual y adecuada donde, según la Palabra, debe desarrollar su profesión de fe: la iglesia local.

Quizás el cuadro más lamentable es que este mercantilismo es altamente avivado por los mismos pastores de las iglesias, que estamos para ser custodios, guardianes, cuidadores de los intereses del Señor, Hoy, muchos pastores más bien fungen como si los intereses a cuidar fueran los suyos. En la actualidad se aprecia que estamos sobre la ética del utilitarismo y del “todo vale” con tal de llenar su propia iglesia y hacerse un nombre entre el cuerpo de Cristo. Los mismos pastores que se mostrarían celosos si un individuo de su iglesia se quisiera ir a otra, se muestran muy dispuestos a llenar su iglesia de gente en la que no trabajó y que espiritualmente no está bajo su cuidado.

Este mal proceder es justificado bajo la frase “las ovejas no son nuestras”, para dar a entender que no somos dueños de las conciencias de nadie y que un cristiano tiene el derecho de irse de una iglesia como quiere, cuando quiere, sin preguntas ni estorbos. Pero precisamente, y en respuesta a esto afirmarnos que, ya que las ovejas no son nuestras, es que no debemos ni podemos hacer con ellas como nosotros queremos. Es más, ni siquiera las ovejas pueden hacer con su vida lo que deseen, porque como dijo el Salmo, “Reconoced que Jehová es dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos pueblo suyo y ovejas de su prado”.

Si este es el caso del liderazgo, ¿cómo obran hoy los que están bajo un pastorado? Ciertamente un pastorado que no es bíblico jamás resentirá o mirará como inconveniente lo que estamos planteando aquí. Solamente quienes se han aplicado a edificar bíblicamente una iglesia, y a pastorear bíblicamente una iglesia sabrán el gran mal espiritual que esto genera. El hueco se hace más grande cada vez más y notamos que pastorear, un asunto ya difícil, se vuelve pesado en demasía porque entre iglesias no existe la ética bíblica mínima, ni entre los pastores ni entre los miembros, y así abrimos más la brecha por donde la carnalidad entra y sale de manera impune.

Por eso déjeme enumerar algunos asuntos comunes en ministerios, iglesias y creyentes en general, que hoy día está debilitando de manera protuberante la fidelidad y firmeza de cualquier ministerio bíblico. Quizás más delante tengamos tiempo para explicar una a una…

DE PARTE DE LOS PASTORES

– Atender en consejería miembros de otra iglesia o ejercer funciones pastorales sobre ellos, miembros que claramente están bajo el cuidado pastoral de otro pastor, esto es, de su pastor, del anciano o los ancianos que Dios ha puesto para cuidarles.

– Recibir en la iglesia sin más preguntas a personas que se van de sus iglesias bíblicas (de las cuales son parte), y mucho más, personas que huyen de sus iglesias bajo procesos disciplinarios. Ya que la ética normal es no poner el fundamento dónde ya fue puesto (1 Co.3:11) y no predicar a Cristo donde esta ya ha sido predicado (Ro.15:20), debería ser de lo más ético, hacer algunas preguntas del por qué un individuo de una iglesia bíblica ahora aparece en otra[1].

– Atraer a su iglesia de forma ilegitima miembros de otras iglesias, aprovechándose de la falta de madurez, criterio o aprovechándose de las inconformidades que ellos tengan de sus propias congregaciones; o aprovechando sus condiciones que los ponen en ventaja frente a otras iglesias. Es asombroso ver la tendencia proselitista de algunas congregaciones, proselitismo que suele identificarse y llamarse “proclamación de la verdad”, pero en el fondo, es aprovechar las plataformas que les han sido dadas o las que han comprado a precio muy alto, para atraer gente que en su debilidad piensa que una iglesia de tal o cual característica es más bíblica que la suya, aun cuando en ella, por pequeña y básica que sea, se predique la Palabra y se adore conforme a las Escritura.

– Pasar por encima de la independencia y autonomía de la iglesia local. Esta maravillosa definición histórica dice: “A cada una de estas iglesias así reunidas, el Señor, conforme a su voluntad declarada en su Palabra, ha dado todo el poder y autoridad en cualquier sentido necesario para realizar el orden en la adoración y en la disciplina que él ha instituido para que lo guarden; juntamente con mandatos y reglas para el ejercicio propio y correcto y la ejecución del mencionado poder”[2]. Por pasar por encima de este límite bíblico, iglesias resultan procurando situarse por encima de otras iglesias, pasando por alto las resoluciones disciplinarias que una iglesia tuvo con un individuo desautorizando así esta potestad de las iglesias locales.

– Crearse un criterio de una iglesia local o sus pastores, generalmente malo, por las vías más ilegitimas y anti éticas posibles. En mi experiencia personal, he pasado mucho tiempo aclarándole a pastores y amigos asuntos difamadores que ¡Otros pastores andan diciendo! Y esto cuando ¡ninguno de ellos me ha contactado hasta hoy! Gente señala de forma negativa a iglesias bíblicas solo porque “me dijeron”, “escuché, aunque no lo puedo confirmar”, “se dice”, “parece que”, poniendo un manto de duda injusto sobre ministerios bíblicos. No hablo de no tener criterio sobre las iglesias que nos rodean, hablo que ese tráfico de chismes, comentarios y apreciaciones personales son usadas como la “piedra de toque” para calificar ciertas iglesias de “legalistas”, “estrictas”, “faltas de amor”, “autoritarias”, y más. Pastores, por simple sentido común, deberían poner en duda el testimonio de quien sale de una iglesia bíblica peleando.

ÉTICA MÍNIMA DE LOS HERMANOS QUE COMPONEN LAS IGLESIAS

– No abordar de manera correcta los asuntos de inconformidades con quien se debe, en el momento, la motivación y la buena voluntad adecuadas, sino contaminar a otros, siendo el ultimo que se entera el pastor. Gente en las iglesias, en el espíritu del mundo de hoy, se amotinan, se levantan en reproche, haciendo sediciones en las iglesias. Gente que dice no tener tiempo para el Señor, sí tiene tiempo para llamar, poner mensajes y reunirse ilegítimamente con otros para dañar el ministerio de su iglesia. Muchos asuntos se hubieran evitado yendo directamente al liderazgo de la iglesia, con bien corazón y con el ánimo de edificar.

– Pedir consejo a otros pastores sin haber pedido consejo a los suyos primero, o consultar otros pastores sin el conocimiento y la aprobación de las personas que Dios puso como pastores sobre su alma, haciéndolo, en general, para encontrar en las personas que no le conocen, una opinión que refuerce su punto de vista y le favorezca en sus acciones, generalmente pecaminosas.

– Irse de manera desagradecida o ingrata, repentina, resentida, oculta o sin dar explicaciones de su iglesia local; o irse, en su peor caso, estando bajo procesos disciplinarios que requieren ser soportados en su iglesia local. De esta manera aleja su arrepentimiento y restauración, y más bien estimula su pecado, su orgullo, su justicia propia, y yendo a contaminar a cualquier iglesia que les reciba.

– Tener una mente dispersa, pescadora de teología por internet, teniendo oídos para todos los ministerios o predicadores, que no le dejan crecer y establecerse en un lugar. Estas personas no crecen con el cuerpo local de creyentes, porque su mente está en la hierba que crece en el prado del vecino. Así, sus propios pastores son menospreciados, desechan la Palabra que necesitan caen en comparaciones necias, y genera un descontento creciente en su iglesia. De esta manera ni crecen donde Dios los puso a crecer, y se engañan pensando que el internet y los pastores que no lo conocen, le están aprovechando más.

– Pasar por encima de la autonomía e independencia de la iglesia local, involucrando a terceros en asuntos que pueden y deben ser abordados por una iglesia local. Por vía de comparaciones odiosas, por vía de involucrar en su iglesia ideas que debilitan el ministerio de la propia, un individuo puede asaltar de manera indebida la gracia particular que Dios dispensa a cada uno de sus candeleros de acuerdo a sus debilidades y fortalezas.

– Darle rienda suelta a su lengua según sus propios criterios, y al salir de una iglesia que le acogió con amor, consideración y en medio de sus debilidades que le soportaron por mucho tiempo, regar comentarios destructivos que ni siquiera honran su profesión de fe, ni mucho menos le sirve a cuerpo de Cristo. Si un individuo salió de una congregación bíblica, y en su inmadurez no encuentra nada bueno que decir, que tampoco diga nada malo.

Como nota, son asuntos de ética básica, ética de niños principiantes, que debería ser observada en un espíritu de amor y buena voluntad en las iglesias. «Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que ….sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad» (1 Ti 3:15).


[1] Romanos 15:20: «Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno».

[2] Confesión Bautista de Fe de 1689, 26:7.

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